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El ex primer ministro francés Édouard Balladur

El ex primer ministro francés Édouard BalladurAFP

Édouard Balladur (1929-2026)

Mucho sentido de Estado y poca empatía política

Fue un buen gobernante y un mal candidato presidencial: su «amigo» Chirac, exactamente lo contrario

El ex primer ministro francés Édouard Balladur
Nació en Esmirna, Turquía, el 2 de mayo de 1929 y falleció en París el 31 de agosto de 2026

Édouard Balladur

Primer ministro de Francia

Antiguo alumno de la Escuela Nacional de Administración, este letrado del Consejo de Estado fue secretario general del Elíseo (1973-74), ministro de Economía (1986-88), primer ministro (1993-95) y diputado (1986-2007).

Son de sobra conocidas las enconadas rivalidades que jalonan desde hace medio siglo la existencia de la derecha francesa, descritas con todo lujo de detalles en el libro de Guillaume Tabard, redactor jefe del área política de Le Figaro. Mas pocas alcanzaron el nivel de sordidez y de violencia soterrada -la excepción podría ser, y con matices, el espectacular hundimiento de la campaña de François Fillon- como la que protagonizaron Édouard Balladur y Jacques Chirac de cara a las elecciones presidenciales de 1995.

Cinco años antes, el primero había teorizado que quien desempeñase la jefatura del Gobierno a partir de los comicios legislativos de 1993 -la dura derrota de los socialistas estaba cantada desde hacía tiempo- se tendría que comprometer, pública y preventivamente, a no ser candidato a las presidenciales, para evitar que se repitiera la mala experiencia de Jacques Chirac en 1988. Éste último creyó a Balladur. Por eso dejó que François Mitterrand le nombrase primer ministro.

Mas el agraciado por el nombramiento, ayudado por los éxitos iniciales de su Gobierno, ligeramente atenuados por algunas meteduras de pata, que desembocaron en unos índices de popularidad -sobrevolaba las encuestas- rayanos en la insolencia. Amplios sectores del establishment, y no solo el político, se sumaron a la tendencia. Llegó un momento en que el 80 por ciento de los columnistas de París y TF1, primer canal generalista de Francia, estaban embaucados con el primer ministro. Valga también como botón de muestra que, por única vez en su historia, Le Monde apoyó, con sutileza, a un candidato de la derecha.

La burbuja demoscópica duró hasta febrero de 1995 cuando un Chirac, que unas semanas antes apenas concitaba un 14 por ciento de las intenciones de voto, inició su remontada, tanto por su buena campaña de proximidad con los votantes de provincias -evitó hasta enero intervenir en los grandes medios con sede en París- salpicada de promesas económicas y sociales irrealizables, como por los errores garrafales cometidos -que la comunicación política contemporánea no perdona- por un Balladur, de personalidad distante y estirada -el semanario satírico Le Canard Enchaîné le llamaba «Sa Courtoise Suffisance»- poco bregado en batallas electorales: quedó eliminado en la primera vuelta.

Así se estrellaron de forma irreversible las ambiciones de un brillante tecnócrata que descubrió la alta política en 1964 cuando ingresó en el gabinete técnico -allí conoció a Chirac, que poco después se decantó por la vida electoral- del primer ministro Georges Pompidou, a quien desde entonces profesó una fidelidad perruna. Y también con un gran sentido de Estado: fueron Balladur y Chirac, el primero redactando el contenido de los Acuerdos de Grenelle, el segundo, ya como secretario de Estado, «vendiéndoselos» a los sindicatos, quienes rebajaron definitivamente la tensión en mayo de 1968.

Ya como secretario general del Elíseo entre 1973 y 1974, Balladur tuvo que gestionar la enfermedad que acabaría con la vida de Pompidou. Logró que la maquinaria del Estado no quedara paralizada, pero también publicaba comunicados que presentaban las dolencias presidenciales como «gripes fuertes» o «catarros que se prolongan» lo que en realidad era una variante agresiva de leucemia. Bastaba con ver el rostro de Pompidou en aquellos dos últimos años. Balladur admitió hace unos años en un documental el carácter embustero de aquellos comunicados, antes de alegar, en una demostración de cinismo, que «estaban firmados por médicos y que no tenía por qué añadir mi apreciación a la de ellos».

Tras unos años en la empresa privada, Chirac rescató, según algunos a petición de la viuda de Pompidou, a Balladur para la política: en 1986 fue nombrado ministro de Economía y Finanzas, cargo desde el que empezó a liberalizar la economía francesa. Una tarea que prosiguió como primer ministro.

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