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Ratko Mladic sonríe desde el banquillo

Ratko Mladic sonríe desde el banquilloAFP

General Ratko Mladic (1942-2026)

El genocida de los Balcanes

Ordenó la masacre de Srebrenica, en la que más de 8.000 hombres y niños musulmanes fueron asesinados, y otros 20.000, expulsados

Ratko Mladic sonríe desde el banquillo
Nació el 12 de marzo de 1942 en Bozanovici y falleció en La Haya el 27 de agosto de 2026

Ratko Mladic

Militar

Oficial del Ejército yugoslavo entre 1965 y 1996, fiel militante de la Liga de Comunistas de Yugoslavia, en 1992 fue nombrado comandante en jefe del Ejército serbio en Bosnia y Herzegovina, cargo que ejerció durante cuatro años y medio, durante los cuales tuvieron lugar el sitio de Sarajevo y la matanza de Srebrenica. Terminó sus días cumpliendo cadena perpetua en cumplimiento del fallo emitido en 2017 por el Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia.

El general Ratko Mladic ha muerto como merecía: en una cárcel de La Haya, cumpliendo una cadena perpetua por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos durante las guerras en la antigua Yugoslavia entre 1992 y 1995. Lo peor es que avisó al tomar posesión como comandante en jefe del Ejército serbio en Bosnia y Herzegovina de que se estaban embarcando en una vasta operación criminal. «No podemos realizar una limpieza ni podemos tener un filtro para seleccionar a los ciudadanos de manera que solo se queden los serbios, o que los serbios pasen desapercibidos y el resto se marche», declaró, antes de añadir, con toda crudeza: «Señores, eso sería un genocidio». Lo fue.

El punto álgido fue alcanzado en julio de 1995 en la localidad de Srebrenica, donde el general Mladic ordenó una masacre en la que más de 8.000 hombres y niños musulmanes fueron asesinados por las fuerzas serbobosnias y otros 20.000 fueron expulsados de la zona en una operación que dio al mundo el término «limpieza étnica». Lo nunca visto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Cuando sus fuerzas invadieron Srebrenica, el «refugio seguro» de las Naciones Unidas, Mladić hizo caso omiso de las advertencias internacionales de que sus tropas serían bombardeadas y llamó a Ton Karremans, el muy pasivo e ineficiente comandante del batallón holandés de la ONU estacionado en la ciudad bosnia. Mientras un soldado serbio degollaba a un cerdo frente a ellos, el general Mladic dijo: «Así es como tratamos a nuestros enemigos».

En paralelo, empezaba a vislumbrarse el final del sitio de Sarajevo, 13.000 muertos en tres años y medio, muchos de ellos responsabilidad del general Mladic y sus subordinados. Después de estos crímenes, quedaba pendiente, tras la frágil paz balcánica alcanzada en Dayton en noviembre de 1995, el castigo de estos crímenes.

La tarea fue difícil. De entrada, porque el general Mladic mantuvo su mando hasta noviembre de 1996. Desde ese momento, entró en la clandestinidad, con la ayuda de los servicios de inteligencia de su país. Hubo que esperar a mayo de 2011, con el soplo de nuevos vientos políticos en Serbia, para que fuera capturado y trasladado a La Haya, sede del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia. En 2017, fue declarado culpable. Era el punto final para un genocida y un general comunista, criado en el titismo.

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