Andrés Hernando
Andrés Hernando (1938-2026)
Un gran torero de la escuela castellana y una persona cabal
Sus cinco temporadas como novillero le proporcionaron un sólido aprendizaje de la técnica taurina. Tomó la alternativa en Segovia, su tierra, el 1 de julio de 1962, con toros de Arranz, alternando con Victoriano Valencia y El Viti
Andrés Hernando García
Torero
Era un claro representante de la escuela castellana: su estilo era seco, valeroso, sobrio, sin adornos innecesarios. Logró triunfar gracias a una voluntad firme, dentro de una línea de honrado clasicismo. Toreaba bien con el capote: sobre todo, a la verónica, cargando la suerte (lo más clásico). También ejecutaba naturales de gran pureza. La espada fue muchas veces su cruz, quizá a consecuencia de su baja estatura.
En un desgraciado accidente de carretera, ha fallecido el matador de toros Andrés Hernando, al chocar el coche que él conducía contra un autobús, en la carretera N-110, a la altura del polígono La Colilla (Ávila).
Era segoviano de nacimiento y abulense de adopción. Hijo de taxista, no tuvo antecedentes taurinos en su familia. Él mismo ha confesado que le empujó hacia el mundo de los toros la admiración por Manolete:
«La muerte de Manolete despertó mi vocación de torero. La muerte y su gloria. Porque, a pesar de tener sólo diez años, llegué a la conclusión de que merecía la pena ser alguien en la vida a cambio de tanta grandeza. En la calle, la gente no hablaba de otra cosa. En la boca del Metro, incluso, le cantaban coplas al torero cordobés, recitaban poemas, romances. El impacto social fue tremendo. Tanto, que decidí ser torero».
Como no sabía torear ni de salón, la primera vez que se puso delante de una res, sufrió mil volteretas. Pero, según el banderillero Alfonso del Toro, no cambió de color: «Tiene valor, dijo, y decidió ayudarme».
Se anunció por primera vez como novillero con picadores en Chinchón, el 24 de junio de 1956. Al año siguiente, apoderado por Domingo Dominguín, obtuvo importantes éxitos en Vista Alegre y en Sevilla. Se presentó en Madrid en 1958, alternando con Victoriano Valencia y Parrita. Sufrió cornadas graves, pasó momentos de desánimo, pensó en dejarlo pero reaccionó:
«Pensé que no podía ser un hombre fracasado, que mi carrera no podía terminar así y que, sin torear, la vida no tenía sentido… Descubrí que el toreo es, por encima de todo, sentimiento. Un torero tiene que expresar, comunicar lo que lleva dentro. Y eso no sólo se transmite al público. El toro es un animal inteligente, capaz de percibir estas cosas: sabe muy bien a quién tiene que respetar y por eso se somete. Luego está la tenacidad, la capacidad de sacrificio, la fuerza de voluntad. No hay nada en esta vida que un hombre no pueda conseguir, si se lo propone».
Sus cinco temporadas como novillero le proporcionaron un sólido aprendizaje de la técnica taurina. Tomó la alternativa en Segovia, su tierra, el 1 de julio de 1962, con toros de Arranz, alternando con Victoriano Valencia y El Viti. La confirmó en Las Ventas en 1964.
Ese mismo año, su gran amigo 'el cordobés' exigió que le pusieran, con él, en el cartel de la corrida de Beneficencia. Fue su gran oportunidad, en una corrida de máxima expectación, con la televisión en directo, y supo aprovecharla: le cortó las orejas a su primer toro y salió a hombros, con Manuel Benítez. «Fue mi lanzamiento definitivo».
Volvió a abrir la Puerta Grande de Las Ventas en 1965 y en 1967. A lo largo de su carrera, en Madrid toreó veinte corridas de toros y cortó doce orejas.
También triunfó en la Maestranza, donde llegó a torear diecinueve corridas: escribió Cañabate que Andrés Hernando toreaba «como si fuese de Triana». Obtuvo reiterados éxitos en la Feria de Abril, desde 1965 hasta 1974, sin eludir la corrida de Miura.
Consiguió un triunfo histórico en la Monumental de Barcelona, el 23 de mayo de 1968, al indultar al toro Potrico, de Pablo Romero (algo que no sucedía allí desde hacía treinta años):
«No lo había visto con el capote pero en la muleta empezó a desplazarse y, con quince muletazos, le formé un lío. Potrico era un tío con toda la barba, ¡con dos leños por delante que no veas! Curro Caro, mi apoderado, me dijo que había sido la única vez que, después del sorteo, no había podido comer, del paquete que estaba pasando… Toreé con Dámaso Gómez y Pepe Limeño. Fue una tarde apoteósica».
En esas fechas, solía alternar con 'el Cordobés', Paco Camino, 'el Viti', Jaime Ostos, Diego Puerta… «Competí con las figuras de mi época y al mismo nivel».
Recuerdo bien cómo toreaba Andrés Hernando. Era un claro representante de la escuela castellana: su estilo era seco, valeroso, sobrio, sin adornos innecesarios. Logró triunfar gracias a una voluntad firme, dentro de una línea de honrado clasicismo.
Toreaba bien con el capote: sobre todo, a la verónica, cargando la suerte (lo más clásico). También ejecutaba naturales de gran pureza. La espada fue muchas veces su cruz, quizá a consecuencia de su baja estatura.
El exigente Antonio Díaz Cañabate le dedicó grandes elogios:
«Cada vez me gusta más Andrés Hernando: es un torero distinto cada vez que torea. Todos los toreros intentan ahora hacer la misma faena, no importa el comportamiento del toro. Andrés Hernando se aparta de este amaneramiento».
En eso consiste, justamente, la lidia clásica. Por eso, Cañabate remata su juicio con una frase literaria: «Es un relumbrón fantástico, en medio de la oscuridad».
Su carrera comenzó a declinar a comienzos de los setenta. Se cortó la coleta en la Plaza de Segovia, el 5 de octubre de 1974, alternando con otros dos maestros de la misma escuela castellana, 'el Viti' y Roberto Domínguez.
Le costó retirarse:
«La pelea con el toro y con uno mismo es vida. El triunfo, el fracaso, el primer coche, la casa… He sido torero por vocación. Al toreo se lo debo todo».
En 1969, se había casado con Sonsoles Aboín, gran aficionada, hija de ganaderos. Vivió en el campo abulense, dedicado a la ganadería, en su finca Marlín. Organizó varios festivales taurinos benéficos en Segovia.
En los últimos años, se le ofrecieron varios homenajes: en 2012, en Segovia. En 2022, en Ávila, al cumplirse los sesenta años de su alternativa. Lo presentó mi amigo Gonzalo Santonja –entonces, consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León–, proclamando que era «un merecidísimo homenaje a uno de los toreros legendarios de la segunda mitad del siglo XX».
Al año siguiente, el 11 de mayo, el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid colocó en la Plaza de Las Ventas un azulejo dedicado a Andrés Hernando, «en reconocimiento a su trayectoria y conmemoración del sesenta aniversario de su alternativa».
En 2024, la Editorial Temple publicó su libro autobiográfico, escrito por Antonio Monturiol, Con la verdad por delante. Vida y legado de Andrés Hernando.
El título está tomado de una frase de Domingo Ortega: «Los toreros castellanos siempre lo tienen más difícil, porque van con la verdad por delante».
Afirma en él Andrés Hernando que «siempre he tratado de dominarme a mí mismo porque la voluntad es muy importante, en el toreo».
A él no le faltó ese constante estímulo… También, defiende el importante papel que juegan los aficionados: «Las peñas, hoy día, son la base fundamental de la Fiesta».
En estos años, he coincidido con él en bastantes actos, en los que, además de esbozar sus recuerdos, defendía con pasión la trascendencia de la Tauromaquia.
Vivía en el campo, con la tranquilidad que da la conciencia de haber cumplido honrosamente su vocación.
Tenía el proyecto de organizar un festival benéfico, cuando cumpliera los noventa años, y torear en público, por última vez…
No ha podido ser. Ha truncado su deseo un trágico accidente de carretera, no lejos de su ganadería ni de la Plaza de Toros de Ávila, que él había inaugurado en 1967.
Nos deja el recuerdo de un gran torero y de un castellano serio: un hombre cabal, dentro y fuera de los ruedos.