28 de mayo de 2022

Esperanza Ruiz

No es el fuero, es el huevo

Doctores tiene la Iglesia, pero ahí seguimos: obcecados con amoldar lo eterno a la insobornable contemporaneidad. Sobre todo, si esta lleva ropajes de estrella del pop. Las más de las veces el resultado es cacofónico, pero lo peor es la sensación de estar entrando por la puerta cultural equivocada

Coluche, conocido humorista francés, definía la dictadura como un «cierra la boca» y la Democracia como un «parlotea siempre». Políticos y bizcochables suelen dar excesiva importancia a lo que no son más que herramientas como, por ejemplo, 'el diálogo'. Ciertos conceptos e ideas se nos presentan como categorías absolutas y necesariamente buenas cuando, in fine, no son más que medios. Como tales, estos pueden ser adecuados, inadecuados, o directamente inútiles dependiendo de las circunstancias. Obviamente, si el medio elegido es malo, irá en detrimento del fin perseguido. Cada vez que algún quídam hace uso de algunos conceptos, mejor tentarse la ropa. Hoy, del presidente del Gobierno a la consulta del terapeuta, todo es diálogo. Aunque sea de besugos. También en terrenos insospechados como el del arte o la decoración.
A muchos les sale el Carlos de Beistegui o el conde de Quintanilla que llevan dentro cuando ponen a dialogar la lámpara Fjordjenlung de un diseñador industrial escandinavo con el paisaje romántico heredado del abuelo. La cosa empieza a complicarse cuando lo que se pretende es hacer dialogar una langosta en aluminio policromado, obra de Jeff Koons, con el mobiliario y los cuadros del salón de Marte en el Palacio de Versalles; o cuando la Place Vendôme aparece decorada una mañana, por gentileza de Paul McCarthy, con un enorme objeto hinchable que representa algo cuya utilidad prefiero no describir teniendo ustedes un motor de búsqueda de internet a mano y dos palabras clave.

Doctores tiene la Iglesia, pero ahí seguimos: obcecados con amoldar lo eterno a la insobornable contemporaneidad

Si exceptuamos lo anterior, la cursilada del 'diálogo artístico' no es más que una manera de actualizar y de sublimar lo nuevo a través de lo antiguo y viceversa. Ahora, hacerlo con sentido y armonía es todo un arte (nunca mejor dicho).
En aquello que toca lo sagrado, una, que es rara, tiene para sí que la introducción de Simon y Garfunkel, Bob Dylan y los Beatles en la parroquia de la esquina, no ha hecho más que vaciarla. Doctores tiene la Iglesia, pero ahí seguimos: obcecados con amoldar lo eterno a la insobornable contemporaneidad. Sobre todo, si esta lleva ropajes de estrella del pop. Las más de las veces el resultado es cacofónico, pero lo peor es la sensación de estar entrando por la puerta cultural equivocada.
Ya habrán adivinado que esto viene por la reciente polémica del vídeo de C. Tangana grabado en la Catedral de Toledo. Se ha apuntado, con bastante razón, en el hecho de que algunas provocaciones artísticas, por calculadas y habituales, pierden su carácter provocador. Una, que creció con el famoso 'descuido' de Sabrina Salerno en Televisión Española, pero sobre todo con el vídeo musical de Like a prayer interpretado por Madonna, ya no es bermejo que se deje achuchar por esos podencos que te organizan el astuto 'truco o trato' del 'si te ofende esto o aquello eres una meapilas o una puritana'. Simplificación tramposa. No es cuestión del fuero, sino del huevo, y paso a explicarme.

Ese subgénero de la ciencia ficción llamado pornografía es más detestable por lo que oculta que por lo que enseña

Aunque no tenga que ver directamente con el tema que nos ocupa, ese subgénero de la ciencia ficción llamado pornografía es más detestable por lo que oculta que por lo que enseña. En la era de internet, el efecto desmovilizador, desvirilizador, asocial y cosificador del asunto es más escandaloso que la simple gimnasia sexual involucrada. Esta industria no sólo beneficia al que produce el contenido, sino también a aquellos a los que interesa un sujeto zombificado. Creo que esto es algo con lo que cualquiera, al margen de consideraciones ideológicas o morales, podría estar de acuerdo.
Guardando las distancias, a la performance de C. Tangana en la Catedral le ocurre algo parecido. Quizá lo más obvio sea lo que menos debería llamar nuestra atención. Sin embargo, que dos mil años de Historia inspiradores de las formas más elevadas de arte, que también han tenido su carácter civilizador mal que le pese a algunos, queden de comparsa para un ritmo caribeño basado en un género musical que gasta una estética de la fealdad conscientemente buscada, es como hacer calimocho con una botella de Romanée Conti. Es una oportunidad perdida por mucho que algunos se contenten con ver un poco de atrezzo eclesial. Como si con un arco de medio punto, dos casullas y algo de bruma de incienso ya estuviera cubierta la cuota espiritual o cultural.

Ahora, de ahí a montar todo un andamiaje intelectual, mezclando churras con merinas para encajar lo de C. Tangana, hay un trecho

Nada humano debe ser ajeno a una institución que trata del alma, y esto incluye el amor carnal y sus implicaciones. Hemos tenido clérigos como Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, curiosamente relacionado con la Catedral de Toledo, que conocía bien estos asuntos. También, y de otra manera, diversos místicos que vestían de amor terreno su búsqueda de lo divino para que el común entendiera el tipo de gozo que experimentaban. Ahora, de ahí a montar todo un andamiaje intelectual, como he visto, mezclando churras con merinas para encajar (con mucha brega) lo de C. Tangana, hay un trecho.
Sé que cada vez está más complicado, pero vayan ustedes a una Misa Tridentina. Aunque sólo sea una vez y por curiosidad. Disfruten de algún rito antiguo o, si están en Francia, de una 'Misa baja' al estilo de Luis XIV basada en las costumbres de la época de Carlomagno en Aquisgrán. Vean lo que es una liturgia que se pierde en la noche de los tiempos, que ha acompañado imperios y está representada en edificios como las Catedrales. Hecho el ejercicio, analicemos con algo de perspectiva si lo de los artistas está a la altura del decorado o, más bien, lo empequeñecen con lo que eso conlleva.
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