06 de diciembre de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

El genocidio de Martín Villa

Para acusar a alguien de cualquier cosa hay que aportar alguna prueba de que ha perpetrado ese crimen o delito, cualquiera que sea. Servini no ha hecho eso en todo el proceso en el que ha mantenido a Martín Villa como «presunto culpable»

Permítanme hacer una aclaración previa para que no haya lugar a equívocos. No he cruzado palabra con Rodolfo Martín Villa nunca en mi vida. Ni le he saludado. Sólo recuerdo haberle visto en persona una vez. Fue el 6 de agosto de 2012 mientras ambos, acompañados de nuestras familias, nos registrábamos en la recepción del hotel New York en Eurodisney. Bueno, en realidad él iba sólo con su mujer, pero no me los imagino yendo a disfrutar de ese horror sin algún nieto.
El exministro Martín Villa, fue clave en la Transición española. Estuvo en el Gobierno con tres presidentes distintos, algo que no creo que pueda decir ningún otro político desde 1975: ministro de Relaciones Sindicales con Carlos Arias Navarro, ministro del Interior con Adolfo Suárez, ministro de Administración Territorial con el mismo Suárez y con Leopoldo Calvo Sotelo con el que sería también vicepresidente primero del Gobierno. Un currículo, no como el de otros. Hombres como él, que venían del franquismo –también fue jefe nacional del Sindicato Español Universitario (1962-64)– fueron los que corrieron con la responsabilidad de tender la mano a la oposición que había sido perseguida por el régimen de Francisco Franco y hacer posible la convivencia que la izquierda quiere destruir hoy.
En los últimos años, Rodolfo Martín Villa ha sufrido uno de los acosos más escandalosos que se ha producido en la justicia internacional desde que tenemos memoria. La juez María Romilda Servini de Cubría lo ha perseguido acusándolo de genocidio cuando era ministro. Esto es algo verdaderamente de no creer. Para acusar a alguien de cualquier cosa hay que aportar alguna prueba de que ha perpetrado ese crimen o delito, cualquiera que sea. Servini no ha hecho eso en todo el proceso en el que ha mantenido a Martín Villa como «presunto culpable». Para ella, no se es inocente hasta que se demuestra que no se es culpable. Pobre Argentina, así va…
Ahora la Sala Segunda de la Cámara Criminal y Correccional Federal de Argentina ha revocado el auto de procesamiento del exministro español afirmando que la jueza no ha aportado las mínimas pruebas necesarias para incoar una causa por genocidio o crímenes de lesa humanidad: «Datos como el número de casos, la existencia de patrones comunes, de los mismos ejecutores de un planteamiento unívoco, de determinadas políticas de Estado compatibles con el alegado fin persecutorio, de las mismas prácticas, de los mismos modos de ejecución, de los mismos desenlaces, del empleo de los mismos medios, etc.». Es decir, que la misma justicia argentina cierra el caso porque esta juez –¡que sigue en activo a los 85 años!– no ha encontrado la más mínima prueba y el supuesto genocidio de Martín Villa se resume en una persona muerta a manos de la Policía en Pamplona en 1976 y otra, también a manos de la Policía, en Vitoria en 1978. Es el genocidio con menos víctimas de la Historia de la Humanidad.
Lo más interesante de esta historia, tan dura para Rodolfo Martín Villa, es ver cómo la izquierda en el mundo entero quiere destruir la imagen de la Transición española. No pueden aceptar que desde dentro del régimen del general Franco se ideó una forma de reformar el sistema y traer la democracia a España encabezada por el Rey. La nueva izquierda española no puede aceptar eso. Y tiene poderosos aliados internacionales que pueden sostener una causa largo tiempo aunque no tenga el más mínimo fundamento. Y eso sí que es un crimen de lesa humanidad.
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