29 de enero de 2023

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Un gran avance

Tania Verge, en mi opinión, va con treinta años de retraso, pero cualquiera se atreve a afirmar que una consejera del Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha proyectado una majadería

Después de lo del foie de la Colau, Cataluña da un nuevo paso hacia la recuperación del prestigio internacional. En esta ocasión, gracias a la valiente Consejera de Igualdad y Feminismos, Tania Verge. La joven Consejera opina que es imprescindible para que las mujeres catalanas alcancen definitivamente la libertad, que éstas hagan más toples en las playas y las piscinas. «Que tengamos que cubrirnos los pechos no es normal. Es discriminatorio». Aplaudo su coraje, a sabiendas de la escasa influencia que tendrá tan sabia medida en mi existencia, por mi natural desapego a las playas rebosadas de homínidos estivales y mi creciente repulsión a las piscinas, siempre amenazadoras de barbacoas o asados argentinos. Solo aceptaría, pero no parece que sea probable, una invitación para conocer la piscina de los Iglesias en Galapagar, en cuyas aguas se refresca Echenique nadando con flota.
No obstante, no considero original la propuesta. El toples en las mujeres es costumbre muy extendida desde hace más de treinta años. Ni buena, porque hay mujeres que pueden lucir su pecho sin problema alguno, y otras que haciéndolo, rozan los límites del delito. Un joven escritor le endilgó a Bernard Shaw un manuscrito para que el maestro le diera su aprobación. Shaw fue sincero: «Su manuscrito es a un tiempo original y bueno. Pero lo que es original no es bueno, y lo que es bueno, no es original».
Entiendo que la solución que voy a proponer a Tania Verge es costosa, pero no imposible. Cataluña, entre Gerona, Barcelona y Tarragona tiene muchas y preciosas playas. Espanya ens Roba estaría dispuesta, a cambio de los votos parlamentarios a favor de Sánchez, de costear el proyecto. Por cada playa, dos vigilantes en sus accesos, que aprueben o desaprueben las características del teterío femenino para autorizar o prohibir la práctica del toples. Porque hay mujeres que hacen toples que hacen llorar a los niños con la visión de sus senos. Los vigilantes estarán obligados a dominar tres lenguas, la catalana, la inglesa y la francesa, e irían uniformados de amarillo pollo en versión total, con la efigie de Puigdemont el cagueta al modo Che Guevara. Todas las bañistas deseosas de alcanzar definitivamente la libertad, estarían obligadas a mostrar sus pechos a los agentes, y éstos, a la vista de ellos, aprobarían o no sus intenciones. «Señora, lo siento, no puedo permitirle el acceso a la playa para hacer toples porque tiene las tetas más feas aún que la difunta Golda Meir». Porque para alcanzar definitivamente la libertad, hay que respetar con firmeza la estética. Y si la mujer no autorizada a mostrar su tetamen es sorprendida mostrándolo, podrá ser detenida durante veinticuatro horas y obligada a aceptar la discografía completa de Luis Llach.
Aquí, en mi norte montañés, muchas mujeres hacen toples sin necesitar del apoyo gubernamental. Por la influencia religiosa del marqués de Comillas, y la imponente presencia del seminario de los jesuitas, dos de cuyos edificios sobran, el toples tardó más en expandirse por sus inmensas y cantábricas playas. Llegó su costa a ser denominada La Costa Casta, pero ya se puede hacer toples libremente y sin necesidad de que lo autorice Revilla. Tania Verge, en mi opinión, va con treinta años de retraso, pero cualquiera se atreve a afirmar que una consejera del Gobierno de la Generalidad de Cataluña ha proyectado una majadería. Hace más de treinta años, antes de Comillas y Ruiloba, pasábamos una semana en Formentor, paraíso del norte de Mallorca. Y más de la mitad de las bañistas tomaban el sol, paseaban por la playa y se bañaban en toples. Pero con estética. No es antifeminista afirmar que hay mujeres con las tetas feísimas. Está científicamente demostrado.
Tania Verge, como era de esperar, puede ser bastante tonta.
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