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29 de febrero de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Juego, set y bola de partido para Puchi

A los ciudadanos españoles, pero también a los franceses e italianos, les está diciendo Europa que un político puede delinquir y tiene una impunidad de la que no gozamos los ciudadanos de a pie

Actualizada 01:30

Los separatistas, incluido el delirio con mocho llamado Carles Puigdemont, no suelen mentir cuando desnudan a sus incautos interlocutores. En la cumbre de la indecencia está el forajido, seguido a pocos pasos por Oriol Junqueras, que por lo menos se quedó aquí para afrontar la cárcel, que luego vendría Sánchez a convertir en una mini condena. Pues bien, los dos golpistas repiten sin descanso que el presidente en funciones ya ha tragado con la amnistía, lo que deja en el aire una pregunta: entonces, ¿qué negocian en Waterloo? Pónganse en lo peor para España: la autodeterminación.
Aquí Sánchez ha abierto un circo con varias pistas. La esperpéntica pista que ocupa él, presidente de la cuarta economía europea, negociando con la integridad de España con un tipo venado que quiere salir de rositas después de su huida escondido en un coche. De hecho, ya ha reconocido el felón personaje que nunca se debió perseguir judicialmente a los delincuentes, rechazando que se juzgue al prófugo. En otra pista se pelean Junts y ERC por ver quién patrimonializa más los últimos jirones de España. En una tercera, los proetarras y el PNV están a tortas por no perder la hegemonía en el País Vasco, mientras comprueban boquiabiertos que cuando se abre la caja de la desigualdad resulta que el euskera también va a ser postergado por el catalán. Es lo que tiene repartir privilegios, que los campeones de la desigualdad finalmente reciben un trato también desigual. La cuarta pista se la disputan Yoli, que ha pedido las sales contra Guerra porque ha resaltado su pasión comunista por las peluquerías, y las chicas de Pablo Iglesias, que salen a la palestra a ver si rentabilizan sus cinco escuálidos escaños para que Galapagar no pierda la paguita de ministra, el coche oficial y la escolta, que permite disfrutar de la mansión serrana sin ser molestados.
O sea, esta es la España 2023. Un circo con cuatro pistas, a cuál más pasmosa y letal para nuestro país, donde tragasables, lucha grecorromana, los payasos y –novedad mundial bajo una carpa– ¡trileros!, solo tienen un objetivo común: acabar con nuestra patria. Todos conspiran contra nuestra integridad, contra nuestra Constitución, aprovechando que el pagador es un tipo sin escrúpulos dispuesto a quemar Roma mientras, como Nerón, observa las llamas que le otorgan un poder omnipotente. Cuando haya que caminar sobre las cenizas, él ya no estará aquí, refugiado en algún chiringuito europeo que le procure su campaña personal en la Europa anestesiada, que permite sin mover un dedo que un Estado sistémico esté descuadernando su ordenamiento jurídico.
Ha de saber esa Europa de las Úrsulas von Sánchez que esta caja de pandora que se abre en España tendrá su correlato en el resto del continente. A los ciudadanos españoles, pero también a los franceses e italianos, les está diciendo Europa que un político puede delinquir y tiene una impunidad de la que no gozamos los ciudadanos de a pie. Todo lo que hizo la democracia española, lo que blandió el Rey en octubre de 2017, lo que hicieron los policías que defendieron nuestra integridad, las acciones del fiscal al ver que se violentaba la ley, la sentencia del Supremo fueron, a juicio de Sánchez, comportamientos ilegítimos e ilegales, mientras que los que declararon la independencia tocaron la cima de la democracia.
Cuando todo esto se repita, que se repetirá, el sistema jurídico español, sus instrumentos legales para defender su integridad, serán una hoja volandera, con la que hacer una pelota para jugar con la respetabilidad de España. Por el momento, bola, juego y set para Puigdemont.
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