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01 de marzo de 2024

HorizonteRamón Pérez-Maura

Sánchez estará al frente de la manifestación

Obedeciendo a Junqueras y Puigdemont, a partir del jueves empezará la campaña del presidente del Gobierno en favor de la autodeterminación, convenientemente arropada por los medios afines

Actualizada 17:09

Quien reacciona en demasía a las críticas que padece suele hacerlo porque sabe que sus críticos tienen razón. Y lo que es peor, esa razón se suele manifestar con datos concretos. La intervención de Alfonso Guerra en el programa de Susana Griso esta semana ha sido el mayor éxito de audiencia de ese programa en su historia. Por encima de todo lo que se puedan imaginar: volcán de La Palma, guerra de Ucrania, lo que ustedes digan.
De repente Sánchez se ha encontrado con un problema mayor. Las viejas glorias socialistas, cubiertas de condecoraciones y entorchados, no son un objetivo al que se pueda descalificar fácilmente llamándoles fascistas. Pero el número de críticos es creciente.
Habrá quien diga que eso ya no puede ir a peor porque no hay crítica que pueda hacer más daño que la de Felipe y Guerra. Tal vez sí, pero yo creo que no. Las críticas lanzadas esta semana por ambos a la inminente amnistía tuvieron un enorme impacto nacional. Una de las estrategias acertadas que creo que ha hecho Feijóo es forzar a que en todo ayuntamiento y en todo parlamento autonómico sea obligatorio para todos sus miembros fijar posición sobre la amnistía y el derecho de autodeterminación. Yo no sé quiénes son los dirigentes históricos del PSOE en Albacete o en Burgos, un decir, pero sí sé que en su ámbito territorial su denuncia de estas políticas puede tener un gran impacto también.
Ya ha quedado claro que entre los socialistas que cobran un sueldo no hay voluntad de discrepar no se vaya a perder la posición. A lo largo de los últimos siete años, desde que recuperó la secretaría general del PSOE, Sánchez ha hecho una limpia cuyo fin último es que nadie le lleve la contraria. En las últimas elecciones autonómicas y generales se aseguró de presentar sólo a los fieles. Las dos excepciones fueron el aragonés Lambán, que no salió elegido, y el castellano-manchego García-Page, que fue una opción desesperada y ahora es la única voz alternativa a Sánchez dentro de su partido. El resto de los cargos electos casi hasta el último ayuntamiento de la nación saben que le deben el puesto al único jefe.
El equipo de Sánchez da vueltas estos días a cómo superar ante la opinión pública su giro de 180 grados en la cuestión de la amnistía y el derecho de decisión. Y la estrategia parece estar ya muy clara. Sabemos que tras el desastre de las elecciones municipales y autonómicas Sánchez se recuperó en las elecciones generales. No ganó las elecciones, pero sí ganó la campaña electoral. Su reto hoy es repetir aquel éxito. A partir del próximo jueves vamos a ver un desembarco de Sánchez en todo medio de comunicación mínimamente afín y en el que poder volver a seducir a su electorado. Se va a poner al frente de la manifestación. El que lo haga mintiendo es irrelevante. El único objetivo es retener el poder. Nos va a hablar de «alivio penal» que es un concepto legalmente inexistente y de «consulta no vinculante» como si una victoria del independentismo, por más no vinculante que fuese, tuviera reverso.
Porque como a estas alturas su equipo considera que la concesión de la amnistía ya ha calado en la opinión pública, ese punto no va a ser el centro de su argumentación. Obedeciendo a Junqueras y Puigdemont, a partir del jueves empezará la campaña del presidente del Gobierno en favor de la autodeterminación, convenientemente arropada por los medios afines. Y al que se atreva a oponerse, le caerá la del pulpo. Se admiten apuestas.
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