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23 de junio de 2024

GaleanaEdurne Uriarte

Un peligroso agitador populista

Estamos ante un peligroso populismo que pretende convertir a todos los que investigan la corrupción socialista en una jauría de ultraderechistas

Actualizada 01:30

Dejemos de hablar de la imbecilidad del hombre enamorado y deprimido. Esto es una operación de puro y peligroso populismo. Pedro Sánchez, el perdedor de unas elecciones que llegó al poder con una moción de censura contra la corrupción, ha montado una campaña de agitación social contra la oposición, los jueces y la prensa ahora que el investigado por corrupción es su partido y su propia familia. Descalifica a prensa y jueces como «derecha y ultraderecha» y «máquina del fango», y convierte las investigaciones sobre su corrupción en «un ataque al progresismo» y al «gobierno de coalición progresista». Y con la guinda final del «No pasarán» de Patxi López y otros socialistas. Es la maniobra típica del peor populismo autoritario, con el líder populista tratando de convertir en persecución política las investigaciones de corrupción sobre su partido, su Gobierno y su familia. Al estilo de otra conocida populista y amiga del socialismo español, la expresidenta argentina Cristina Kirchner, que fue condenada a 6 años de cárcel por corrupción, y que acusó a los jueces de lawfare contra ella, a pesar de la lluvia de millones oscuros que han regado al peronismo y a su enriquecida familia.

Y para ello, Pedro Sánchez intenta estigmatizar a todos los que le investigan con el apelativo de «ultras». Mientras que otro populista de su familia política, el presidente mexicano López Obrador, descalifica directamente a los jueces como «élite corrupta», Sánchez lo hace indirectamente, apuntando en su carta a los medios de comunicación críticos. Ellos son «la coalición de intereses derechistas y ultraderechistas», que guían con informaciones falsas lo que hace la «élite corrupta» de López Obrador. Ya se han encargado después los medios sanchistas de perseguir al juez que investiga a Begoña Gómez.

A lo anterior añade la manipulación de las emociones de los votantes. Con eso del amor por su mujer y lo de persona además de político. Lo mismo que dijo la independentista escocesa Nicola Sturgeon, cuando dimitió como ministra principal de Escocia hace un año. También habló del amor y de la persona antes que política. El amor, es decir, el sospechoso marido por el que tuvo que dimitir, Peter Murrell, acaba de ser procesado este mes por malversación de fondos, de fondos del partido que controlaban ambos, el SNP.

La fiel escudera de Pedro Sánchez, Irene Lozano, le escribió a Sánchez a través de X el jueves y le citó a Sturgeon como un caso de acoso a líderes progresistas con mentiras, para pedirle «No te rindas, presidente». Que es el objetivo propagandístico esencial de esta nauseabunda operación populista, cuya carta probablemente escribió la propia Lozano. La conversión de la corrupción socialista en un ataque a todos los votantes de izquierdas y la llamada a su movilización en las próximas citas electorales. No importa el enriquecimiento de Koldo y compañía, o los negocios de Tito Berni, o los de la mujer de Sánchez, aún menos los Eres, porque esto es un ataque a vosotros, votantes socialistas, y yo, Sánchez, soy vuestro líder. Cuando me atacan, os atacan a vosotros. Y ahí están todos convocados esta tarde para defender la corrupción socialista frente a los jueces, periodistas y políticos ultraderechistas.

Sánchez, que ha amnistiado a golpistas para que le hagan presidente, pretende ahora amnistiar la corrupción socialista y convertir en una jauría de ultras a todos aquellos que osen criticarla e investigarla, prensa, jueces y políticos.

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