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23 de junio de 2024

GaleanaEdurne Uriarte

España, patria de los vascos

Cómo entender que PNV y EH Bildu, dos partidos que niegan la identidad española de la gran mayoría de los vascos, vayan a arrasar en las elecciones vascas

Actualizada 01:30

Cualquier nacionalista se tomará como una provocación el título de este artículo, aunque corresponda perfectamente a la realidad y a la verdad. Según el estudio preelectoral del CIS que se acaba de publicar, el 67 por ciento de los vascos se siente vasco y español, un 6 por ciento se siente solo español, y solo un 23 por ciento se siente únicamente vasco. Y, sin embargo, dice la misma encuesta que ganará las elecciones el PNV, un partido que niega esa realidad. Que afirma en su programa electoral que la única patria de los vascos es Euskadi, que niega la existencia misma de España borrándola completamente de las 78 páginas de su programa, en el que se alude mucho a Europa, pero se niega a España, reducida a escasas referencias al «Estado».

Cómo será la negación de la identidad española de los vascos, que el programa del PNV practica el lenguaje inclusivo, con «los vascos y las vascas», además de «las personas vascas», pero se niega a incluir la identidad del 73 por ciento de los vascos. Que esto es a la identidad lo que los carteles contra la violencia machista a la violencia: numerosos pueblos del País Vasco tienen en sus entradas carteles contra la violencia machista, pero jamás los colocaron contra la violencia etarra. Y, sin embargo, ni la negación de España ni la negación de ETA van a producir voto de castigo alguno contra el PNV o contra EH Bildu. Todo lo contrario: entre ambos pueden llegar a cerca del 70 por ciento del voto, según las encuestas.

¿Por qué los borrados se quedan en casa el día de las elecciones o bastantes de ellos votan a quienes les niegan? Por tres factores, que son estructurales, y muy difíciles de cambiar. Primero, porque la unión de la izquierda nacional y los nacionalismos ha cimentado una cultura política en la que las etnias, las razas y las identidades son estupendas y muy progresistas, siempre que sean las del nacionalismo vasco o catalán. Es tal esa unión que hasta los conservadores y demócrata-cristianos votantes del PNV dicen ser de izquierdas en las encuestas, nada menos que un 36 por ciento, por lo progresista que es eso de la raza.

Y lo anterior ha creado una brutal espiral del silencio, ese fenómeno sociológico que definiera Elisabeth Noelle-Neumann. Con más del 70 por ciento de los vascos con miedo a transformar su sentimiento de pertenencia a España en palabra pública o en acción política. Con el temor a no ser aceptados socialmente, tanto que ni siquiera se atreven a cuestionar esa escandalosa negación de su identidad española. Mientras se sientan minoría en la esfera pública, ni hablarán ni se movilizarán. Ni tampoco cuestionarán esas políticas lingüísticas que privilegian a ese minoritario 30 por ciento de vascos que domina el euskera y que perjudican al 70 por ciento restante.

Y en tercer lugar está el dinero, claro está. Ese efecto no deseado del Estado autonómico que convierte la defensa de los privilegios regionales en un útil reclamo electoral. Algo que los nacionalistas usan mejor que nadie, sencillamente, porque rechazan cualquier solidaridad con el resto de españoles. De ahí que el programa electoral del PNV lleve como título «Elige Euskadi, elige bienestar», es decir, competencias y dinero que el PNV piensa seguir arrancando al Gobierno central. Puede que el PNV no sea tan buen gestor como dice, pero sí es un conseguidor excelente con los gobiernos de esa España que niega, título que ahora le disputa EH Bildu. Y entre etnias progresistas y abundantes dineros, van camino de arrasar en las elecciones.

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