Por derechoLuis Marín Sicilia

Estado agónico

Ha costado, pero el electorado socialista ha decidido dar la espalda a un sanchismo basado en la mentira y en la corrupción

Conviene no perderse en apreciaciones simplistas para valorar lo que ha sucedido en las elecciones de Extremadura. Caben muchas interpretaciones parciales sobre subidas y bajadas en función de hipotéticas expectativas, pero la conclusión en la que todos coinciden es que los extremeños han castigado una forma autocrática y sectaria de gobernar España. La corrupción, la hipocresía social feminista, la sumisión al separatismo y el dogmatismo político han provocado el comienzo de la implosión del sanchismo con un primer asalto, al que seguirán otros en breves fechas, que dejarán a Pedro Sánchez en la lona del ring electoral con un KO fulminante.

No se puede marginar a medio país indefinidamente, comprando para ello los votos de quienes no tienen más interés que el de su propio terruño. Por muy cafeteros que sean en la izquierda patria, nada hay más impropio de una política progresista que beneficiar a las regiones más ricas en detrimento del interés general. Ha costado, pero el electorado socialista ha decidido dar la espalda a un sanchismo basado en la mentira y en la corrupción. Y por si fuera poco para avergonzar a sus propios clientes, Sánchez impuso en Extremadura a un candidato procesado por enchufar a su hermano que, para más descaro, no sabía donde tenía su puesto de trabajo, vivía en la Moncloa y tributaba en Portugal. Hay que tener cuajo para tragarse tanta indignidad basada en conseguir el aforamiento del candidato para beneficiar a su hermano.

La región más marginada de España ha dado su merecido a quien sólo atiende a las demandas de sus acreedores filoterroristas y golpistas.

El PSOE ha perdido alrededor de un 40 % de su electorado, el PP consigue el 43,20 % de respaldo popular (porcentaje que en cualquier otra comunidad ronda la mayoría absoluta), Vox duplica su representación y una izquierda sin Sumar crece dignamente desde su coherencia. Este es el escenario político extremeño, que constituye un reto para políticos serios que debieran abandonar la demagogia y el oportunismo. La pérdida del PSOE ha sido notable, en las zonas urbanas a favor del PP y en los espacios rurales con un crecimiento significativo de Vox.

Hace siete años que Sánchez accedió al poder y puso en marcha una forma de gobernar basada en una tensión interminable con quienes consideraba enemigos y no simples adversarios políticos, suscribió pactos contrarios al interés general, algunos ocultos y con mediadores internacionales para desdoro de la dignidad nacional, y basó toda su actividad en un ejercicio amoral de la política que ponía de manifiesto su ausencia de principios.

La táctica del frentismo debe considerarse agotada, y nada sería más perjudicial para el país que inaugurar otra de sentido contrario. El Manual de Resistencia de Sánchez se basaba en sobrevivir a base de un continuo combate buscando enemigos. Ese afán conflictivo debe darse por concluido con la caída del autócrata que ya es imparable. Lo saben los socialistas responsables, que son bastantes más de lo que Sánchez se imagina y que tienen interiorizado que si Sánchez agota la legislatura, esta puede acabar con el PSOE.

Mientras tanto, en Extremadura procede hacer un llamamiento a la responsabilidad de los vencedores. El PP ha ganado poder porque ya no depende de un acuerdo de la izquierda al tener más diputados que la suma de aquella. Solo un pacto de ingobernabilidad de Vox con la oposición puede perturbar su acción política, algo que nadie entendería. Ello implica que uno y otro deben hacer un esfuerzo que conduzca a puntos de encuentro, dentro de las competencias de la comunidad autónoma, que estén inspirados en el interés general de los extremeños.

El sanchismo puede ser considerado como el periodo más negro y nefasto de la democracia española desde la Transición. El peor servicio al país sería seguirle el juego encorsetándose en intransigencias de signo distinto. El populismo se basa en la crítica y en la protesta; la democracia en la gestión. Lo fácil es criticar, lo difícil gobernar y gestionar para todos, algo que implica compromisos factibles no demagógicos. Pues este es el reto de los vencedores en Extremadura. Ni vetos ni bloqueos. Diálogo, moderación en las formas y firmeza en los principios.

La agonía del sanchismo debe corresponderse con un periodo situado en las antípodas de lo que este ha representado. Sería la mejor manera de despedir el periodo de los muros y de inaugurar la etapa de los puentes. Y por supuesto, el mejor regalo para estas fiestas navideñas.

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