Por derechoLuis Marín Sicilia

Entre mordidas y braguetas

«El sanchismo es un pudridero moral y un escándalo colectivo»

Tomas Gómez, ex líder socialista madrileño y primera víctima de Sánchez, lo ha definido con exactitud: «Pedro Sánchez sigue siendo el mismo que conocí hace 35 años: un ambicioso sin escrúpulos y sin moral». Salvo los que participan en el putiferio o la corrupción, hay que estar ciegos y sordos para no entender que lo de Sánchez no ha sido un proceso de descomposición orgánica: Sánchez y el sanchismo estaban descompuestos desde su nacimiento. No pudieron esperar a corromperse porque ya estaban podridos. Por eso, su primera ruindad fue aprovechar la pandemia para enriquecerse mientras miles de españoles morían sin remedio.

El sanchismo es un pudridero moral y un escándalo colectivo. No hay sumidero que soporte tanta basura ni país serio que conviva con el fango. La Justicia no cesa de pedir datos sobre sospechas de hechos delictivos. Registros múltiples de la UCO, bajo la dirección de distintos jueces, se van produciendo en empresas públicas hasta haber llegado a dependencias de ministerios de Hacienda, Transición Ecológica, Industria y Transportes. Altos cargos enriquecidos, subvenciones bajo sospecha, contrataciones irregulares, comisiones ocultas, compra de voluntades, acosos sexuales desvergonzados y denuncias sin tramitar. Chivatazos para proteger a amigos de Zapatero, con ulterior detención y borrado de móviles. Enchufes sin control ni preparación de conmilitones y amiguetes, ocupación de medios de comunicación y degradación de las instituciones, tres años sin presupuestos, pérdida de fondos europeos por dejación, impericia o incompetencia, endeudamiento insoportable, presión fiscal agobiante, líderes europeos en tasas de riesgo de pobreza y en cifras de paro laboral,… todo es fango en el sanchismo.

La situación es de tal gravedad que sus socios pretenden desmarcarse con peroratas que no engañan a nadie. Aitor Esteban, presidente del PNV considera que hay que detener la hemorragia de escándalos o Sánchez tendrá que convocar elecciones. Oriol Junqueras, de ERC, exige hechos y compromisos firmes para acabar con la corrupción y con los acosos sexuales. Maíllo, de IU, pide celeridad, contundencia, explicación y transparencia ante los escándalos. Y en ese carrusel de proclamas ofendiditas que ocultan su complicidad, puso la guinda la lideresa del fariseismo. Yolanda Díaz, la de Sumar que resta, exclamó enfadada: «Se acabaron las reflexiones, así no podemos seguir. Hay que cambiar el Gobierno de arriba abajo»… pero todos ellos siguen en la mamela.

Y es que la gente, abochornada ante la putrefacta situación, tiene muy claro el por qué aliados parlamentarios y de gobierno no abandonan a Sánchez. Solo él les garantiza su juego ventajista y sectario. El chollo y las mamandurrias a costa del interés general solo se acabarán con el final del sanchismo. Es por ello que, entre mordidas y braguetas, seguirán sosteniendo a un gobierno al que tienen hipotecado a costa del decoro de una nación humillada. Rufián se escandaliza porque, según él, el 49 % de los españoles tiene difícil llegar a fin de mes, pero le sigue apoyando. Los repudios y condenas con la boca pequeña, por muy aparente indignación que pretendan, solo acreditan su doble moral y la perenne contradicción entre los dichos y los hechos típicos de esta izquierda demagógica y de quienes disfrazan su xenofobia con la defensa de una cultura identitaria que todos respetan.

Sánchez lo envenena todo y su ego no tiene límites ni fronteras. Sus buenas migas con Zapatero pueden depararnos algunas sorpresas y darnos a conocer los entresijos de sus relaciones con Venezuela, China y otras dictaduras de distinto pelaje. Un maquinador es capaz de todo, lo que explica que miembros mejicanos de la Internacional Socialista hayan avisado sobre su falta de principios de Sánchez y la arbitrariedad y el descontrol de la organización desde que accedió a la presidencia. O los suyos acaban con el, o el acaba con el PSOE. Entre Zapatero y Sánchez han convertido a un partido de Estado como el PSOE en una autocracia populista y en un grave problema para una España cívica y democrática.

Mientras gestionaban una Hacienda implacable con los contribuyentes y obsesiva con el bolsillo de los autónomos, no se enteraban del enriquecimiento de tantos amigos y amiguetes que frecuentaban las moquetas de sus despachos y se bañaban en el fango de las mordidas y las braguetas incontroladas. Afortunadamente aún no han podido con los jueces, con la guardia civil ni con la prensa libre, gracias a los cuales nos quedan esperanzas de que esta sociedad dé su merecido a quienes se empeñan en enfrentar a unos españoles con otros, con sus muros y fronteras, mientras ellos llenan sus alforjas, prostituyen su conducta y nos toman por tontos.

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

tracking

Compartir

Herramientas