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¿Por qué la novela de Juan del Val, ganadora del Planeta, es el mejor libro del año?

Haber leído Vera, una historia de amor es como haber hecho cualquiera de esos viajes que no se recuerdan porque aún no se tenía la edad suficiente para recordar

Madrid

El escritor Juan del Val, tras ganar el premio Planeta con la obra 'Vera'

Juan del Val tras ganar el premio Planeta con Vera, una historia de amorEFE

Las críticas han sido malas. No se ha encontrado ni una sola donde se elogie alguna cualidad de Vera, una historia de amor, la novela de Juan del Val ganadora del Premio Planeta 2025, mayormente destacable. Uno mismo ha leído un cuarto del libro en vertical y el resto en diagonal por completo desinterés de lector, no de experto, ni mucho menos.

Un desinterés que venía desde el principio. Lo primero por el historial del premio y lo segundo por el argumento previsto. Se pueden decir muchas cosas negativas de la novela. Las peores quizá la previsibilidad en todos los sentidos. Todo son lugares comunes, en el argumento y en el estilo. No hay nada que llame la atención, que sobresalga de la planicie arrasada, ni un mínimo hierbajo.

Y lo peor es que parece que está hecho así a propósito. Cualquier diría que el requisito fundamental para que una novela gane el Planeta es una uniformidad irritante. Como si el editor o el jurado recomendase o pautase que no hay que escribir bien, no escribir bien en el sentido de hacerle pensar al lector. En la novela de Del Val, como en otros anteriores Premios Planeta, de lo que se trata es de transportar al lector, pero no a otro mundo, sino en un cochecito de bebé.

Bien tapado y protegido para que no coja frío, para que no se asuste, para que siga en su mundo mientras ve cosas borrosas al avanzar que no significan nada. Haber leído Vera, una historia de amor es como haber hecho cualquiera de esos viajes que no se recuerdan porque aún no se tenía la edad suficiente para recordar. Los libros buenos son lo que se quedan, aunque solo sea por un pasaje, una frase, que te atrapa y te vuelve a meter dentro cuando estabas a punto de salir.

Nada de esto está planteado en los Premios Planeta, pero Vera, una historia de amor, como Premio Planeta, es el mejor libro del año. Hay algo que debe agradecerse a Planeta y es que consiga cada año que se hable de libros durante mucho tiempo. Aunque sea de sus libros planos, intrascendentes, uniformados, sujetos a una disciplina argumental, formal y estilística que va en contra de la literatura y al mismo tiempo a favor de ella.

Porque cuando se habla de estos libros todo el tiempo también se habla de los otros. El lector no habitual que no tiene herramientas se pregunta por qué ese libro no es bueno. A muchos de ellos se les olvidará, pero otros, un porcentaje notable teniendo en cuenta el ruido alrededor del premio, intentará saber por qué ese libro no es bueno. Y se interesará por otros libros. Y preguntará por libros «buenos» y «malos». Y leerá.

Leerá el Planeta y el antiPlaneta, pero leerá. Es curioso como, en este caso, una novela de Juan del Val impulsa a la lectura y una novela de James Joyce, monstruo sagrado de la literatura, puede impulsar a mas de uno a lo contrario. Aunque tampoco hace falta irse a los extremos. No hace falta llegar a Ulises.

Se puede ir a El camino de Delibes (quien, por cierto, rechazó varias veces recibir de antemano el Planeta a pesar de las insistencias y de los emolumentos multiplicados), por ejemplo, y descubrir cómo la sencillez no solo te lleva de viaje, sino que te hace disfrutarlo, plenamente consciente. Recomendar libros siempre es un error y ahí Planeta lo hace de maravilla porque no recomienda, pero empuja a encontrar, además de a leer.

Vera, una historia de amor de Juan del Val es el mejor libro del año porque ningún otro ha hecho más por la lectura y por la literatura. Meses enteros hablando de un libro y de un escritor (y en el interín de muchos más) como si el mundo fuera (casi) perfecto.

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