La ex de Ábalos
La puntilla a Sánchez y al sanchismo viene del testimonio de una mujer cuyo relato hace encajar todas las piezas
El envoltorio siniestro, cutre, sórdido y por momentos hilarante de todo el circo sanchista (ahí tienen a Leire Díez, aspirante a entrar en el reparto de Torrente) no debe despistar sobre la verdadera naturaleza del escándalo endémico que acompaña a Sánchez desde antes de que le conocieran fuera de su casa.
Porque estamos viendo, más allá de la corrupción tradicional de mordidas, adjudicaciones a dedo y clientelismo atroz, cómo funciona una mafia nacida metafóricamente, o no, desde el fondo más oscuro de un prostíbulo, que es el lugar más apropiado para ese tipo de tendencias criminales.
De allí nació la prosperidad inmobiliaria de los Sánchez-Gómez, que tienen el desparpajo de hacerse los ofendidos cuando se les pregunta si todas sus propiedades, que al parecer no son pocas, proceden en origen de las ayudas del patrón de varias 'saunas' y si, aun hoy en día, se lucran con onerosos alquileres. Todo ello trufado con el aparatoso cinismo de, mientras, querer legislar contra la prostitución, los grandes arrendatarios, el precio libre de los arrendamientos o los pisos turísticos.
Y desde allí se rodeó de personajes con aroma a casa de lenocinio, bien como porteros, bien como usuarios, dispuestos desde ese cuartel general a tomar el poder, primero en el partido y después en el país.
En ese contexto ha aparecido una despechada, Carolina Perles, a rematar con sus delaciones el paisaje moral, político y económico desértico de Sánchez, del que se entiende mejor todo viendo la catadura de los elegidos para auparle y la naturaleza del lumpen que le permitió vivir como un señorito y dedicarse al capricho de la política: si un tipo con esos antecedentes no siente pudor para lanzarse a la carrera electoral, de gran exhibición pública, ¿cómo no va a atreverse ahora, desde la Presidencia, a hacer lo que haga falta para que no le atropellen la UCO y el Tribunal Supremo y no le expulse del trono ese incómodo invento llamado democracia?
Sánchez se ha aprovechado de todo y de todos y, cuando ha soltado amarras, nunca ha sido por la decencia perpleja que siente quien no sabía nada: solo ha sido por disimular el juego de complicidades y el reparto de beneficios y por seguir ahí arriba dominando la tierra arrasada a sus pies.
Pero lo sabía todo. La víctima de Ábalos, a título de parienta, ha reconstruido con inapelable precisión la cadena de mensajes que envió por tierra, mar y aire al politburó sanchista advirtiéndole de las andanzas de su marido: quizá las supo siempre y solo le molestaron cuando se vio marginada, pero eso no resta credibilidad a su relato.
De una forma u otra se enteraron Carmen Calvo, Adriana Lastra, Nadia Calviño, Begoña Gómez, Iván Redondo y, claro, el propio Pedro Sánchez, que no hizo nada hasta que la sangre llegó al río y él temió ahogarse en ella. En realidad, el yerno de Sabiniano, esposa de Begoña, hermano de David y amigo de Ábalos, Cerdán y Koldo se concentró en ofrecerle a cada uno de sus asociados una salida más o menos honrosa pero en todo caso alimentariamente garantizada: a José Luis un escaño, a Cerdán el PSOE y a todos los demás un pulso a los jueces, a los Cuerpos de Seguridad y a la prensa crítica para enterrar los casos que les afectan.
La pobre Carolina Perles es un espléndido testigo de los hechos, pero las pruebas de tanta fechoría las pone el propio presidente del Gobierno: él ha estado en el centro de todo, siempre, y él ha sido el primer beneficiario.