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HorizonteRamón Pérez-Maura

'Los Domingos' y mis lágrimas

Lo que a mí me ha impresionado más de 'Los Domingos' es el buen retrato que se hace de lo difícil que es abrazarte a la fe y llevar adelante una vocación de ser monja o de ser sacerdote diocesano o religioso en una sociedad en la que casi nadie te entiende. Mucho menos en tu propia familia

El pasado domingo publiqué aquí el artículo «El revivir de la fe y la figura de Francisco Franco». Quizá no debí hacerlo antes de ver la película Los Domingos que disfruté el pasado lunes hasta el punto de que se me saltaron las lágrimas. Para no destripar la trama —al menos no completamente— solo puedo decir que es cinematográficamente hablando y al margen de lo que promueve su trama, una obra maestra. Hace mucho tiempo que no veo una película española tan buena. Su guion, sus actores, la música, la fotografía…

Como ya sabrán, la película trata sobre el discernimiento de una joven de 17 años que siente la llamada a entrar en un convento de clausura en Vasconia. Quizá debería aclarar que la trama se desarrolla en la hora presente. No en el siglo XIX o más atrás. Que es una joven normal, huérfana de madre, con un padre que ha rehecho su vida. Con hermanas menores y con una hermana de su padre no creyente que se va transformando en atea militante. Y es una joven con las tentaciones habituales a su edad, dispuesta a mantener relaciones sexuales con un compañero del coro en el que cantan ambos.

Y en ese contexto, nada promotor de la llamada de su vocación religiosa, la protagonista tiene que superar un mar de contratiempos si quiere que su vocación pueda ir adelante. Lo que a mí me ha impresionado más de Los Domingos es el buen retrato que se hace de lo difícil que es abrazarte a la fe y llevar adelante una vocación de ser monja o de ser sacerdote diocesano o religioso en una sociedad en la que casi nadie te entiende. Mucho menos en tu propia familia.

No puedo evitar decir que el título Los Domingos me parece un poco desconcertante, porque, aunque la película tiene que ver con la vocación de la protagonista, esta apenas se manifiesta los domingos. Mucha más relevancia que ese día tienen las enormes tensiones con su núcleo familiar. Ni siquiera su abuela la entiende. Quizá hubiera sido más lógico el título La Familia. Pero tampoco sé si hubiera aportado algo más.

Hay quien cree que por el hecho de que la joven protagonista fuese a un colegio de monjas es más fácil que la vocación nazca en ella. Pues sí… o no. Cuántos son los jóvenes formados en colegios de órdenes religiosas y cuán ínfimo es el número de vocaciones que surgen de ellos. Es lógico que ahí haya más posibilidades que un colegio laico. Pero no son pocas las vocaciones de personas ya maduras y las que llegan por otras causas que nada tienen que ver con la educación recibida directamente. Yo creo que pesa más la educación recibida en casa, pero el caso de esta película es la antítesis.

Que en España se haya filmado en estos tiempos una película que encarna unos valores modélicos, con unos personajes tan realistas, tan comunes, creo que tiene un valor inmenso. Nadie anima a la joven a dar el paso para ser monja. Es solo su fe, su vocación. Tiene a su lado un padre que defiende el que ella haga lo que quiera. Y una tía que cada vez es más hostil. Lo repito porque creo que cualquier vocación hoy en día puede ser muy parecida a lo que se cuenta en esta película. Todo menos facilidades en el entorno del postulante. Y esta película transcurre en el País Vasco, antaño tierra profundamente católica. Entre las más señaladas de España en cuestión de fe. Por eso no pude evitar que se me saltaran las lágrimas al final de Los Domingos.