Fundado en 1910
Cosas que pasanAlfonso Ussía

Humor y cielo

El supuesto San Pedro le dio una explicación: «Tenías que haber entrado más rápido todavía, aunque creo que ya nadie te lo va a impedir»; –Pues de nuevo, muchas gracias, San Pedro. «No soy San Pedro, sino San Mamés»

Tenemos la mala costumbre de dibujar en nuestras mentes a Dios como un ser poderosísimo y sin sentido del humor. Lo cierto es que casi todos los golpes de humor que producen nuestros seres queridos corresponden a San Pedro, el guardián de las puertas del Cielo.

Abiertas estaban estas cuando intentó traspasarlas un futbolista del Atlétic de Bilbao, que fue famoso por su extremada dureza con sus adversarios. Retiró y mandó al hospital a muchos de sus compañeros de profesión; y se contaba que también no se correspondía como bilbaíno de pro.

Izuzquiza, que así se llamaba, al ver las puertas abiertas intentó traspasarlas y en ese momento un San Pedro encantador le dio la bienvenida al reino de los Cielos.

Izuzquiza quizá con un fondo de arrepentimiento, se opuso a cruzar el Paraíso recordando a San Pedro que había sido un leñero y brutal socialista. San Pedro no reaccionó, «anda, pasa, pasa Izuzquiza», y después de un breve intercambio de palabras, Izuzquiza por fin cruzó los umbrales del Misterio. «Bueno, pues nada, yo he hecho lo posible, pero si tú crees que merezco estar ahí, muchísimas gracias por dejarme disfrutar de la Vida Eterna. Gracias de corazón, San Pedro».

El supuesto San Pedro le dio una explicación: «Tenías que haber entrado más rápido todavía, aunque creo que ya nadie te lo va a impedir»; –Pues de nuevo, muchas gracias, San Pedro. «No soy San Pedro, sino San Mamés».

Se han dado casos antológicos de comprensión y de medidas contra las secuelas terrestres que llevaron al Cielo. Cuando falleció Don Emilio Botín, pidió una urgente reunión en el despacho con Dios. Al final de la reunión, Dios abandonó el despacho, mirando al suelo desconcertado y dando pataditas a las nubes, y San Pedro le preguntó: «Señor, ¿qué tal con Don Emilio?». «Pues mira San Pedro, sinceramente desconcertante; me ha hecho ver la poca preocupación en las moradas estancias y nubes del Cielo; se ha ofrecido gratuitamente a solucionar todos esos problemas que sabemos tú y yo y hemos ido dejando pasar el tiempo sin solucionarlos. Pero lo que más me ha desconcertado, ha sido su oferta: …» Y yo me comprometo a que las primeras nubes estén siempre tan limpias como los chorros del oro; y finalmente su oferta: «Señor, le acepto como vicepresidente en el Cielo, siempre que el presidente en el Cielo sea yo».

Y así dicen y estamos.