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HorizonteRamón Pérez-Maura

¿Y si destituyen a Trump?

Creo que ningún historiador hablará de una 'Era Biden'. Pero sí es probable que haya una 'Era Trump' porque ha procurado llevar adelante políticas coherentes con sus campañas electorales. En sus cien primeros días ya había puesto en marcha todas las promesas electorales que hizo en campaña

Yo creo que Donald Trump ha sabido sintonizar con una parte relevante del electorado norteamericano porque vio las incongruencias que estaban implantando en la sociedad de su país los promotores de las políticas woke. Eso de que un hombre se convierta en mujer y después compita como mujer contra otras féminas o que el mérito para entrar en una universidad sea tu raza o tu género –real o adoptado– y no tu expediente académico es la idea de una minoría que se intentó imponer a la mayoría desde Washington y algunas universidades de las elites. Presentarse como el enemigo de eso ha hecho mucho bien a Trump. Y le ha dado el poder que tiene ahora.

Hubo muchos que se rieron de él cuando anunció que quería ser presidente. Cuando hace el anuncio de su candidatura el 16 de junio de 2015 en Nueva York, ese icono del periodismo de izquierda que es Arianna Huffington anunció que su publicación The Huffington Post cubriría su candidatura en la sección de espectáculos. Qué típica prepotencia de la izquierda. Todavía se lo está tragando.

Yo creo que la principal razón por la que Trump volvió a ser elegido hace un año fue por la gran mentira que representó la Administración Biden. Ahora ya sabemos sin lugar a dudas que Biden estuvo ya mentalmente incapacitado la mayor parte de su mandato. Y que, inexplicablemente, su entorno creyó que su engaño podría superar una campaña electoral. Todo terminó a los 10 minutos de empezar el primer debate electoral con Trump. Y muchos norteamericanos comprendieron que la dirección del partido demócrata les tomaba por idiotas.

Creo que ningún historiador hablará de una 'Era Biden'. Pero sí es probable que haya una 'Era Trump' porque ha procurado llevar adelante políticas coherentes con sus campañas electorales. En sus cien primeros días ya había puesto en marcha todas las promesas electorales que hizo en campaña. Destacadamente, seguir las políticas del presidente William McKinley y emplear los aranceles como un arma de la política exterior y comercial. Una de las características de Trump siempre ha sido que hacía promesas que los demás decían que nunca intentaría cumplir. Pero después, él iba y las cumplía. No muchos presidentes pueden decir eso.

Pero estamos llegando a un punto en que las cosas se pueden poner feas para él. Muy feas. Ya sabemos que las últimas décadas los segundos mandatos suelen traer problemas extraordinarios para los presidentes. El Watergate a Nixon; el Irán-Contra a Reagan; la becaria en el Despacho Oral a Clinton… Trump tiene un grave problema en el horizonte. El problema se llama Epstein. Todavía no se ha hecho pública una parte relevante de la información sobre el caso. Pero hay un cierto consenso en que pinta mal. Lo que allí ocurría era indecible. Tanto como para que el Rey Carlos se enfrente a su hermano y le quite hasta el título de Príncipe al que tiene derecho por nacimiento.

Las encuestas no pintan bien para el Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato. Es probable que el Partido Demócrata logre una cómoda mayoría en la Cámara de Representantes y con nueva información se puede poner en marcha el proceso de impeachment. Y ¿qué van a hacer los republicanos después de que su partido intentara la destitución de Clinton por prácticas propias de adolescentes? Todo lo de Epstein parece infinitamente peor. Tanto como para que se suicidara.