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TribunaIgnacio Trillo

A Jaime, en su día: lealtad, deber, familia y patria

Nunca te rindas. Levántate cada mañana con la ilusión de que es el primero y con la certeza de que puede ser el último; vive con gratitud por el presente. No dejes de formarte en cada minuto: la vida es un proceso continuo, no un destino alcanzado. Aprende, corrige, adapta y sigue

Jaime,

No sabía qué regalarte en este día tan grande, el de tu boda. Al final he elegido palabras porque confío en que duren más que cualquier objeto; ojalá estas líneas te acompañen en los días fáciles y en los que no lo son, y que las vuelvas a leer cuando necesites reencontrarte contigo mismo.

No tengas prisa, pero tampoco pausa: avanza con decisión sin confundir velocidad con precipitación. Haz las cosas con tiempo y con empeño; prepara cada día ese momento que siempre acaba llegando. La vida no espera a nadie, y la preparación cotidiana es la única manera de llegar con las manos limpias y el corazón dispuesto.

La vida duele cada día, no lo escondas ni lo niegues: el dolor es una escuela que no perdona la dejadez. Llora cuando haga falta, no para provocar lástima ni para manipular, sino para aprender de la impotencia, vaciarte y volver a levantarte con más claridad; permite que la herida te enseñe, conviértela en lección y transforma esa lección en fortaleza. La emoción honesta limpia y enseña; la lágrima fingida empobrece. Sé siempre sincero con tus sentimientos y con los de los demás. Los robles también lo hacemos.

No te moderes ante lo intolerable ni aceptes el mantra de que todas las opiniones merecen el mismo respeto cuando con ellas se pisotean derechos y libertades. Tus derechos y tus libertades siempre se ven amenazados primero por palabras; defiéndelos con firmeza y con argumentos. No te dejes arrastrar por la complacencia que normaliza lo injustificable.

Entrega el 100 % cada día y nunca valides como opción la mediocridad en ninguno de los pasos que des: la excelencia es una forma de respeto hacia ti mismo y hacia los que confían en ti. Cuando las cosas vayan mal, pregúntate por qué y ten el valor de asumir la parte que te corresponde. El mundo, salvo azares, nos devuelve lo que hemos ido ganando con esfuerzo, con lucha o con rendición; no busques excusas eternas. Exígete, pero con cariño; empújate, pero sin destruirte. La vida pide entrega, no sacrificio inútil. Da el cien por cien, pero cuida de ti en el proceso.

Nunca te rindas. Levántate cada mañana con la ilusión de que es el primero y con la certeza de que puede ser el último; vive con gratitud por el presente. No dejes de formarte en cada minuto: la vida es un proceso continuo, no un destino alcanzado. Aprende, corrige, adapta y sigue.

Quiere y cuida sin moderación a Rocío, hasta que te duela. Ama con entrega y con disciplina: el amor no es solo emoción, es trabajo diario, es elegir cada día. No dejes que un mal día en el trabajo contamine vuestra casa ni que un conflicto doméstico arrastre la paz del resto de la vida. Aprende a compartimentar: protege la relación de las tormentas externas y comparte con ella las pequeñas derrotas y las grandes alegrías.

Aunque siempre estaré a tu lado, aprende a sufrir en soledad cuando haga falta. Hay lecciones que solo se aprenden en la intimidad del propio dolor; esas lecciones, bien asimiladas, se convierten en tu mayor virtud. No confundas soledad con abandono: saber estar contigo mismo es una fortaleza que nadie te puede regalar.

Cuida de madre, padre y Patria. No lo digo por retórica: solo unos pocos pueblos entendemos la mezcla de raíces y el deber que eso implica. Cuida de ellos como si cuidases tu propia vida y no cedas ante quien pretenda socavar su integridad. La lealtad familiar y el respeto por lo que nos ha formado son los pilares que sostienen cualquier proyecto humano.

Un sueño vale tanto como todo aquello que estés dispuesto a sacrificar para alcanzarlo. Mide tus anhelos por el precio que pagas por ellos y no por la ensoñación que te producen. Si decides perseguir algo grande, hazlo con la claridad de saber a qué renuncias y asúmelo con valentía.

Vive con los ojos de un niño para no perder la capacidad de asombro, con el cuerpo de un joven para no renunciar a la energía, y con la cabeza de un anciano para no perder la prudencia. Esa mezcla te hará humano, entero y resistente.

Cuando las cosas te vayan mal, no te excuses: pregunta, analiza y asume. Si la culpa es tuya, arréglalo; si no lo es, aprende a dejarlo ir. El mundo no trata mal a nadie sin motivo: muchas veces nos devuelve lo que hemos sembrado, y otras veces nos pone pruebas que solo sirven para templar el carácter.

Aprende a no perder el tiempo en lo que no puedes resolver: ocúpate exclusivamente de aquello que depende de ti y deja en paz lo que no puedes cambiar. No le concedas tregua a lo que aún está por resolverse; esa disciplina te dará libertad y te hará más eficaz en lo que realmente importa. La energía es finita: gástala en lo que produce cambio, no en lo que alimenta la ansiedad. Aprende a priorizar con la serenidad de quien distingue lo esencial de lo accesorio y actúa solo sobre lo que puedes transformar.

Te pido una cosa más: cuando mires a Rocío, recuerda que la ternura es un acto de valentía. Quiérela con la intensidad de quien sabe que el amor verdadero exige trabajo, paciencia y perdón. Proteged juntos un espacio donde la confianza sea la norma y la traición la excepción.

No sé si estas palabras son el mejor regalo, pero las escribo con la certeza de que te mereces lo mejor, de que ambos os merecéis una vida plena. Que este sábado sea el inicio de una vida compartida, llena de sentido, de lucha honesta y de ternura sin condiciones. Yo estaré ahí, orgulloso, vigilando desde la cercanía y siempre dispuesto a sostenerte, protegerte o abrazarte cuando haga falta.

Tu hermano que te quiere y admira,

Nachete.

  • Ignacio Trillo Arespacochaga es miembro de la junta directiva de la Asociación Pie en Pared y de la Fundación Foro Libertad y Alternativa