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Al bate y sin guanteZoé Valdés

De vuelta a Platón

Pero volvamos a María Corina Machado, que es el modelo que nos quieren imponer a los cubanos del exilio con el personaje «vinculante» –nunca mejor dicho– de Rosa María Payá, quien traicionó al Movimiento Cristiano Liberación, verdadero legado de su padre asesinado por la tiranía castrista

Para entender lo que está sucediendo a nivel mundial hay que volver a Platón, que argumentó que la aristocracia del alma iba por encima de la democracia de lengua, un tanto cuatrera. Resulta que el tildado de «populista» actúa hoy más como un aristócrata del espíritu que como un macarra, para macarras los de enfrente. Sabe que no hay nada peor en política que negociar con desleales, y por su actividad anterior reconoce primero al delincuente que, por ambicioso percibe que la deslealtad frente a lo que considera perdido sería considerada lealtad por avaricia para los que invariablemente ganadores le utilizarían de otra manera.

Donald Trump es de largo el presidente más inteligente desde el punto de vista estratégico que ha tenido Estados Unidos en los últimos setenta años. María Corina Machado es sin duda alguna una mujer muy valiente, pero no supo poner inteligencia en función de lo principal: Venezuela y el mundo. Aportó coraje, sentimientos, emoción, y estas dos últimas cualidades le devaluaron la primera. En política no se puede ir con semejante barullo de melodrama, discursos huecos, y ningún proyecto o proyectos flojos detrás, y mucho menos si ese proyecto resulta tan parecido al socialismo del que se quiere liberar a todo un pueblo.

Si algo bueno tiene Donald Trump es que es el hombre que por fin ha comprendido que la democracia resulta obsoleta en algunos países. Que existen países que, aunque luchen por ella no la merecen y no saben ni siquiera defenderla con los conceptos precisos y adecuados para preservarla. María Corina Machado no fue previsora, fue oportunista. En cuanto pudo envió a Edmundo González a reunirse con un acabado Joe Biden, y ella misma se entregó como si no hubiera un mañana en los brazos de una alocada Kamala Harris –lean el artículo de Ramón Pérez-Maura. Tal vez mal aconsejada desde Europa, muy probablemente desde la Unión Soviética Europea.

Tal como observo que está siendo mal aconsejado el PP desde esa trasnochada Unión Soviética Europea, que sin hacer más que lo justito, ahora se tiran de cabeza a exigir que la democracia se imponga en un país cuyo dictador acaba de ser sacado por la fuerza del terreno, por Estados Unidos, mediante un presidente y un gobierno sumamente inteligentes y corajudos (como único se puede sacar a un dictador narcocomunista, no con discursitos tibios ni pasaditas de mano, caricias ñoñas, ni con «Galicia está dispuesta a acompañar a Cuba en su modelo», como escupió en el 2016 en Cuba Alberto Núñez Feijoo en la cara de los cubanos, sin arrepentirse todavía de lo dicho entonces).

Pero volvamos a María Corina Machado, que es el modelo que nos quieren imponer a los cubanos del exilio con la personaje «vinculante» –nunca mejor dicho– de Rosa María Payá, quien traicionó al Movimiento Cristiano Liberación, verdadero legado de su padre asesinado por la tiranía castrista, para imponer el suyo, Cuba Decide (sin seguidores en Cuba), el modelo que le sopló al oído una feminista, socialista claro, desde Argentina, una tal Mica Herrera; María Corina nos ha querido vender, o sea, le ha querido vender al antiguo orden mundial –no contó que estamos ahora asistiendo a otro orden novedoso singular–, que ella es progresista de «centro centrado», o sea, una nini, la que necesita de todos y la que todos aprueben. Sí, de todos, menos del que corta el bacalao, y no avizoró –se llama vista corta en política–, que el que cortaría el bacalao sería Donald Trump.

Payá ha sabido sentarse al lado de Trump, pero también situarse al lado de Pablo Casado en una tribuna a poco tiempo de su defenestración, mucho después, siempre calculando a tiro de mal cubero, de Iván Espinosa de los Monteros cuando era un directivo de Vox; cierto, ha sido más astuta, inteligencia le falta, sólo hay que oírla hablar, como cuando declaró en una entrevista que ella es de «centro centrado», lo que seguramente Trump no ha olvidado. O, como cuando en 2020 le robaron las elecciones a Trump (sí, eso se está probando), y enseguida se tiró a la piscina sin agua, y escribió y publicó una carta en la prensa norteamericana muy tierna dirigida a Joe Biden, que visto lo visto, ni se enteró. Eso no lo olvida uno nacido, criado y cujeado en Queens.

Ser en tiempos decisivos de «centro centrado» trae eso, que prefieran en una definitiva negociación a una delincuente, antes de a una valiente «centrada» por la Internacional Socialista, para negociar presuntamente que el ejército se ponga a los pies del pueblo y no al revés; porque nadie sabe en qué momento «la centrada» traicionará a uno para apañarse con el otro. Mientras que, con Delcy Rodríguez, Trump al parecer posee los secretos para readaptarla, reprogramarla, vamos, como que actúa con ella más à l’aise. Sabe que es una delincuente, y como tal la ha tratado, como tal la ha arrinconado; su postura y reacción le viene de lejos, de su Queens natal. En política no sólo hay que haber leído a Platón, sino también hay que haber vivido… Como Platón, reitero. Aristocracia solariega (callejera) versus democracia palaciega.