Fundado en 1910
LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Irán en Venezuela

Junto a Cuba, Irán es quien más está sufriendo ahora mismo el final de la era Maduro. La democracia llegará antes o después, pero algo sí es inmediato: el fin de la fabricación de drones y armas iraníes en Venezuela

Las alianzas del régimen neobolivariano con el de los ayatolás se remontan a la época de Chávez. El hecho de ser ambos países objeto de sanciones ha profundizado y modelado su relación, basada en intereses revestidos de ideología antiimperialista. No olvidemos, por la cuenta que nos trae, el papel de ambas dictaduras, especialmente cruentas, en la financiación y apoyo de agentes políticos en Occidente. En concreto, en España. Irán ha ido más lejos, extendiendo el terrorismo a nuestro suelo. Es el caso del fallido intento de asesinato contra Alejo Vidal-Quadras.

El acuerdo de cooperación más reciente entre las dos tiranías es de 2022, y preveía extenderse veinte años. Bajo ese paraguas, Irán ha fabricado armas, drones y municiones en suelo venezolano, a lo que hay que añadir adquisiciones a Irán de lanchas rápidas con misiles antibuque por parte de Venezuela. La Guardia Revolucionaria Islámica mantiene presencia permanente en Venezuela, operando como plataforma del tráfico de armas en Hispanoamérica. Desde Chávez, los préstamos iraníes se cuentan por decenas de millardos de dólares, adoptando con Maduro la forma de fondos conjuntos para el desarrollo.

Para eludir sanciones han recurrido al trueque y a las empresas pantalla. Lo primero, pagándose con oro y petróleo. El refinado por parte de los iraníes, por ejemplo, se ha pagado en toneladas de oro. Irán ha reparado refinerías en Venezuela, que también ha recibido componentes de refinación para aplacar la escasez de gasolina en el país con las mayores reservas petrolíferas del mundo. En cuanto a las empresas pantalla, los encargados han sido tanto la Guardia Revolucionaria como la organización terrorista Hezbolá.

Un tercer actor se ha beneficiado de los centenares de acuerdos comerciales entre las dos tiranías para burlar las sanciones internacionales: Rusia, que hacía lo propio, interviniendo con la aportación de ciertos diluyentes necesarios para el refinado. Es la alianza estratégica en distintos frentes entre Irán y Venezuela la razón de que la Guardia Revolucionaria y a Hezbola mantengan presencia y actividades en Iberoamérica, una derivada cuyo señalamiento y evaluación parece presentar problemas a los analistas occidentales. Mejor dicho, a los analistas europeos. Y también a sus altos mandatarios: mientras todo lo anterior sucedía, Irán hallaba en Josep Borrell, mister PESC hasta el año pasado, un defensor vehemente, un entregado valedor de los intereses de una potencia terrorista dedicada a desarrollar capacidades nucleares, con un enriquecimiento de uranio muy por encima del necesario para el supuesto uso civil que alegaba.

Junto a Cuba, Irán es quien más está sufriendo ahora mismo el final de la era Maduro. La democracia llegará antes o después, pero algo sí es inmediato: el fin de la fabricación de drones y armas iraníes en Venezuela. Armas susceptibles de usarse contra los Estados Unidos. Irán pierde sustanciosas inversiones, mecanismos de blanqueo, alianzas y presencia justo cuando enfrenta el mayor levantamiento popular contra el brutal régimen islamista desde su nacimiento en 1979, cuando Jomeini regresó de Francia para entusiasmo de Michel Foucault, padre de la contemporánea visión del mundo «opresores-oprimidos».