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La invasión de los 'monstruos' metálicos

En estos últimos años, Asaja, Unió de Pagesos, UPA y la entidad que agrupa a las cooperativas agrarias llevan a cabo una política de consenso y diálogo

Las organizaciones de productores agrarios (OPAS) están ultimando los preparativos para la tractorada que tendrá lugar el próximo jueves día 29. No les ha frenado el hecho de que, el pasado día 21, el Parlamento Europeo votara a favor de enviar el acuerdo con Mercosur al Tribunal Superior de Justicia Europeo, lo que en la práctica supondrá la paralización de su puesta en marcha por lo menos durante un año. En realidad este acuerdo de libre comercio de la UE con Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil -que ha encendido todas las alarmas entre los agricultores de la Península- no quita demasiado el sueño a los productores de Baleares, mucho más preocupados por la problemática en torno a la Política Agraria Comunitaria (PAC) post 27, que en su diseño primigenio reducía drásticamente las ayudas europeas al tiempo que aumentaba las dificultades del ya laberíntico proceso de solicitud y tramitación de las mismas.

Pocos saben que en Baleares, desde hace bastantes años, reina la paz entre las distintas organizaciones de productores del campo. Lejos quedan aquellos tiempos -yo los viví en primera línea, muy intensamente- en los que las diferencias ideológicas, principalmente entre Asaja y Unió de Pagesos, dificultaban el entendimiento. Las tensiones entre agricultores «de derechas o de izquierdas» debilitaban al sector primario en su generalidad. Era muy difícil entonces plantear reivindicaciones de forma unitaria. Todo dependía de qué partido ostentara el poder y -muy especialmente- del conseller de Agricultura de turno.

La Unión Europea y sus burócratas tienen el empeño de menoscabar la agricultura productiva, que es la que nos da de comer, en beneficio de lo que ellos llaman «agricultura verde»

Recuerdo una tractorada contra Joan Mayol, durante la primera legislatura de Francesc Antich, cuando una impresionante riada de monstruos metálicos entró en Palma por la vía de cintura y se plantó frente al Consolat de la Mar. Yo iba en uno de aquellos grandes tractores, en plan reportero intrépido, y al producirse el lanzamiento de cientos -quizá miles- de naranjas contra la fachada del edificio presidencial, una de ellas me dio de lleno en el cogote, dejándome turulato durante unos segundos. Qué tiempos.

Ahora es distinto. De hecho, en el sector agrario balear no existe la polarización política que atenaza y enrarece la vida pública hasta extremos que ya están resultando insoportables. En estos últimos años -y muy especialmente desde que Marga Prohens ostenta la presidencia del Govern- Asaja, Unió de Pagesos, UPA y la entidad que agrupa a las cooperativas agrarias, están llevando a cabo una política de consenso y diálogo. Unos y otros saben que deben plantear sus reivindicaciones ante Bruselas, pues son la Unión Europea y sus burócratas quienes tienen el empeño -notablemente atenuado en estos últimos meses, todo hay que decirlo- de menoscabar la agricultura productiva, que es la que nos da de comer, en beneficio de lo que ellos llaman «agricultura verde», cuya implantación de forma rígida y no consensuada con los sujetos activos del sector provocaría -¿provocará?- la ruina y desaparición de miles de pequeñas y medianas explotaciones de cabo a cabo de la vieja Europa. El actual conseller, Joan Simonet, que antes fue gerente de Asaja y conoce esta problemática al dedillo, repite a menudo que «no se puede hacer agricultura verde estando en números rojos». Pues eso.

Por todo ello el jueves los tractores no avanzarán hacia Palma. El logro de sus reivindicaciones depende de políticos y grupos de presión que no están en nuestras islas. Quizá alguno de ellos nos visiten en sus vacaciones y hasta puede que expresen su admiración por la hermosura de nuestros campos. Pero de ahí no pasan.