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Lleva el PSOE una semana diciendo que hay dos maneras de encarar las tragedias: la suya y la del Partido Popular. Y tiene razón. Cuando al PP le cayó la mayor riada de las últimas décadas, el responsable último de aquella gestión se presentó en el funeral y le gritaron cosas (con los efectos conocidos). Por contra, cuando al PSOE le ha caído este accidente de tren (que no es una catástrofe sobrevenida, sino la consecuencia de una planificación negligente y quizá corrupta) los dos responsables del destrozo (el ministro de Transportes y el hombre que lo mantiene sin presupuestos) se han quedado en casa para no escuchar lo que la gente piensa de ellos.

Porque Sánchez no tuvo tiempo de ir ayer al funeral por los muertos de Adamuz, pero sí lo encontró para encararse con Elon Musk en Twitter por la regularización masiva de inmigrantes. La cronología es la siguiente: Musk ve un tuit donde se critica dicha regularización, lo cita y escribe: «Wow». Sánchez lo ve (o alguno de sus 477 asesores, según el último recuento) y contesta que «Marte puede esperar, pero la humanidad no». Vivir para ver. El hombre que debe parte de su patrimonio al sexo de pago, preocupado por el futuro de la especie. Es como cuando Greta Thunberg se aburrió de ser ecologista y se alistó en la flotilla dirección a Gaza. Todo para acabar tirando el móvil por la borda en cuanto llegaron los judíos, con lo que contamina eso.

En verdad, el pique viene de mucho más lejos, cuando Sánchez lanzó el concepto de «tecnocasta» para distraernos de algún marroneo suyo. La realidad es que a Sánchez no le gustan los grandes empresarios, a pesar de que son las grandes compañías las que más empleo generan. Solo un dato: en España, las empresas con más de 250 empleados representan el 0,2 % del tejido productivo; sin embargo, emplean al 36 % de los asalariados, aproximadamente. Esto cualquier persona mínimamente instruida lo sabe. No hace falta tener ni dos ingenierías ni una tesis falsa para saberlo. Son las grandes empresas las que pagan mejores sueldos (y mayores cotizaciones sociales). Son también las grandes empresas las que ofrecen más y mejores medidas de conciliación. Y es en las grandes empresas donde ya se trabaja por debajo de las 40 horas semanales. Pero a Sánchez no le gustan porque es lo que tiene que decir para quedarse con las migas del electorado de Sumar.

Pero es que tampoco le gustan los autónomos, y por eso intentó (sin éxito) subirles las cuotas. Si por el socialismo fuera, todos seríamos empleados públicos o, en su defecto, asalariados con sueldos muy contenidos. Lo justo para comer, tener de casero al Wyoming (o a cualquier exponente de la izquierda caviar) y pagar el Netflix. Ya vendrán otros en cayuco a pagarnos las pensiones. Ya.