De Foxá a la trilogía de Sánchez
¿Cuál es la trilogía de la sorda revolución del sanchismo? Resulta evidente: ideología, incompetencia y corrupción. La ideologización de la política por un Gobierno que, desde recetas autocráticas, alzó un muro, reconocido por el propio Sánchez, entre los suyos y los demás
Agustín de Foxá, conde de lo mismo, como él decía, cultivó con sabiduría la novela, el teatro, el ensayo político, la poesía y el artículo periodístico en el que fue maestro. Comenzó colaborando en La Gaceta Literaria, de Giménez Caballero, y fue uno de los punteros en la 'Tercera' de ABC. Achacó, sobre todo, a su obra periodística su elección como académico. Diplomático, atesoraba un celebrado ingenio mordaz. Gran conversador, su palabra era estilete terrible y temido. Produjo un caudaloso río de anécdotas; no pocas permanecen vivas. Madrid, de Corte a checa es una de las mejores novelas de la época. Foxá, amigo de José Antonio Primo de Rivera, procedía del falangismo fundacional, y cierta izquierda rampante, mediocre y sobrevalorada, lo condenó al olvido. Una vez le preguntaron por qué era de derechas. Contestó: «Soy aristócrata, soy conde, soy rico, soy embajador, soy gordo ¿y todavía me pregunta por qué soy de derechas?».
Me encanta una confesión de Foxá que le retrata: «Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad en la Revolución Francesa; en mis años mozos me adherí a la trilogía falangista que hablaba de patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez, proclamo otra: café, copa y puro». Decepcionado y acaso asqueado, se alejó de la política y murió con 53 años. Cuando regresó, ya muy enfermo, desde su puesto diplomático en Manila, comentó en el aeropuerto: «Aquí llega el último de Filipinas». Fue él hasta el final.
¿Cuál es la trilogía de la sorda revolución del sanchismo? Resulta evidente: ideología, incompetencia y corrupción. La ideologización de la política por un Gobierno que, desde recetas autocráticas, alzó un muro, reconocido por el propio Sánchez, entre los suyos y los demás, se une a la evidente incompetencia y a la corrupción. Es el Gobierno más débil, inútil y corrupto de la democracia, por no decir del último siglo y medio. Por la necesidad de contentar a sus socios y por su mediocridad, la ideología reemplaza a la gestión. Y con una gigantesca corrupción que acaso llegue a aparecer detrás, incluso, de las 45 muertes de Adamuz, por los trapicheos en ADIF, ya denunciados en otros temas ante los tribunales, con nombres propios como Pardo de Vera y Koldo, ese portero de puticlub con un poder que me temo no correspondía a sus luces.
Padecemos ideología invasiva y gestión pésima. Una ley ideológica sacó a centenares de violadores de las cárceles, y ese mismo disparate ideológico abre ahora las puertas a la inmigración irregular para contentar a Podemos, lo que supondrá más inseguridad. Y, mintiendo como siempre, Sánchez acusó a la oposición de cerrar el paso a la subida de pensiones en un decreto-ley del vale todo; su aprobación suponía también resguardar, de hecho, las okupaciones de viviendas. Es la misma ideologización dañina que llevó a dejar de construir presas, previstas por gobiernos de la ahora oposición, que hubiesen minimizado los terribles efectos de la DANA. También la ideología agravó el problema de la vivienda que padecen, sobre todo, los jóvenes. La prohibición de desbrozar los montes, desde un ecologismo de salón, produjo incendios que asolaron España el pasado verano, y su cruzada contra las nucleares desembocó en el apagón que dejó el país a oscuras.
¿Qué más nos queda por saber? Si el Gobierno no fue capaz de mantener la red ferroviaria ni la red de transporte de energía eléctrica ¿qué podemos esperar? ¿Podemos fiarnos de la red de carreteras? ¿De los puertos y aeropuertos? ¿De los sistemas de Defensa? Los impuestos, tan crecidos por este Gobierno, sólo han servido para pagar el apoyo a Sánchez de independentistas, proetarras, y extremistas de izquierda, además de para subvencionar a sindicatos y a asociaciones zurdas. Y acaso para pagar no sabemos qué silencios o apoyos personales en el extranjero. Mientras, la inútil doña Úrsula mudita. Si Feijóo espera algo de Bruselas está listo. Lo cierto es que las infraestructuras básicas del Estado no funcionan. Con Sánchez atravesamos, además, un amargo periodo de ruina moral.
La trilogía del imperio de Sánchez es tenebrosa. Me quedo con el pacífico café, copa y puro de aquel Foxa sabio, ya de vuelta de tantas experiencias buenas, regulares y malas.