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en el recuerdoAlfonso Ussía

Lilith

Lillith carece de motivos para militar en el partido del resentimiento. Su padre tiene mucho dinero y a ella no le ha faltado nada en la vida. Su preparación académica es notable, pero no se le aprecia. Domina el lenguaje hueco de su protector y usa del tono de la sustituida

He oído por primera vez una intervención de la eximia candidata de Podemos Lilith Verstringe. Pronuncia el español mejor que su padre, que se hacía un lío con la «C» la «Z» y con la «S». En lugar de «suceso» decía «susezo». Por lo demás, como Papi, arrastra poco. No puedo meterme en la piel de un votante podemita, pero intuyo que la chica no anima sus entusiasmos.

En España, a los rubios y pelirrojos se los encasilla en la derecha. El rostro de Lillith es el resultado de una mezcla entre Felipe IV y mi tía Verónica Ussía, que tuvo la suerte de fallecer diez años antes de la aparición de Podemos en la Política del rencor. Por otra parte, Lillith carece de motivos para militar en el partido del resentimiento. Su padre tiene mucho dinero y a ella no le ha faltado nada en la vida. Su preparación académica es notable, pero no se le aprecia. Domina el lenguaje hueco de su protector y usa del tono de la sustituida. Su padre fue un importante dirigente de Alianza Popular, porque Fraga, del que Pío Cabanillas dijo que le cabían todos los libros en la cabeza pero ni una letra más, no atinaba en el conocimiento de las gentes. Se rodeaba mal. Su jefa de Prensa fue Rosa Villacastín. Papá fue candidato a la Alcaldía de Madrid y compitió con Tierno Galván, que representaba muy a su pesar al PSOE. Sucedió que voté por primera y última vez en mi vida al candidato socialista, el Viejo Profesor, porque Verstringe me inspiraba agudos recelos. Después abandonó Alianza Popular, quiso coquetear con Suárez, le pidió a Guerra que lo aceptara en el PSOE y estuvo a punto de dar un sablazo a Mario Conde para fundar un nuevo proyecto político. Pero agua pasada no mueve el molino.

El agua que corre en la actualidad es la de ella, y por angustiosa que fuera mi sed, no la bebería. Lo curioso es que ese lenguaje vacío, necio, rebosado de gobernanzas, conectividades, resiliencias y sostenibles, esa jerga del feminismo comunista más cursi que un cisne nadando entre nenúfares, se haya apoderado de esta chica de la calle de Serrano por causa del contagio. Todos sabemos que la sustituida es una analfabeta, pero también que ella no lo es. Estudió en la Sorbona. Recuerdo a un amigo de mis hermanos mayores que se casó con una chica de Gijón porque había estudiado en la Sorbona. En la vida siempre se han culminado infinidad de majaderías. Al año siguiente, el amigo de mis hermanos supo que la conocían en su ciudad por 'La Interpol'. Él creía que el mote era admirativo, por haber estudiado en La Sorbona, y por su inteligencia y sagacidad. Al final supo la génesis del mote. Se le llamaba 'La Interpol porque tenía registradas en sus espectaculares domingas todas las huellas dactilares de los gijoneses menores de 50 años. Padeció de profundas tristezas y decepciones.

Lillith no me ha decepcionado porque nada me une a ella, y tiene pinta de ser un tostón en la charla, a pesar de haber estudiado en la Sorbona. Para mí, que es de las que pronuncian 'clab' cuando se refieren al club. Contaba José María Stampa que una señora muy elegante protestaba en Marbella porque no encontraba en ninguna droguería jabones 'Lax'. Y que una amiga le recomendó que pidiera al dependiente jabones 'Lux'. –Prefiero no lavarme a perder mi inglés–.

Pues eso, que Lillith se me antoja una podemita de 'clab'. Clab, Cleb, Clib, Clob, Club….Y de vacaciones en 'Mayami' en lugar de Miami, y de ¡Oh, cómo me gusta 'New York! Y claro, todo eso no encaja con la pertenencia al resentimiento, al rencor y a la envidia, porque la envidiada posiblemente será ella.

Pero la humanidad es rara en eso de los afectos. Y a fuerza de bañarse en la piscina del chalé por definición, se le ha pegado el tono, el rollo y la oquedad intelectual de la anfitriona, así como la cursilería de su nada desodorantizado protector. Una pena, porque una buena preparación académica y universitaria –La Sorbona, nada menos–, le habría servido más en la vida privada que en la pública. Y podría haber aprendido a hablar como Madame de Stael, y no como la sustituida.

En fin, que no quiero emocionarme y provocarme un patatús.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 16 de abril de 2021