¿Qué tienen entre manos Zapatero y Sánchez?
Los negocios del primero son inviables sin la aprobación y la complicidad del segundo y el olor de ambos ya llega a kilómetros de distancia
José Luis Rodríguez Zapatero cobró 450.000 euros por «asesorar» al mismo empresario contratado por Plus Ultra que fue detenido horas después de reunirse ambos, de manera clandestina, en un monte en El Pardo propiedad del Estado, con la complicidad por acción u omisión de Pedro Sánchez, que lejos de ser el primero en pedir explicaciones al respecto lo ha sido en intentar ocultar el juego de complicidades existente en el rescate de esa aerolínea irrelevante y el papel en todo ello del siniestro expresidente.
La estupenda tarea de El Mundo y de El Debate en este asunto y de un buen puñado de periodistas serios y decentes, entre los que me van a permitir incluirme junto a Esteban Urreiztieta, Alejandro Entrambasaguas, Álvaro Nieto, Ketty Garat, Teresa Gómez, Irene Tabera o Carlos Cuesta (mis disculpas si caigo en algún olvido), legitima ya reconstruir la secuencia sin equivocarse demasiado.
Una compañía en apuros contrata a un intermediario que a su vez incorpora a otro con ascendencia en el Gobierno para que los intereses de la primera puedan prosperar. Que Zapatero diga ahora que no es lo que parece y que su «consultoría» con la empresa del tal Julio Martínez no tiene nada que ver con el escandaloso rescate de una aerolínea sin aviones ni pasajeros que estaba en pérdidas antes de su rescate, contraviniendo ya solo por eso la ley, mueve a hilaridad: ya pueden poner «Julito» y ZP en el objeto de las facturas que le asesoraba sobre la cría de pingüinos de Humboldt en cautividad que todos sabemos la verdad.
Y ya pueden decir que se citaron en El Pardo para hacer deporte, que todos sabemos que esa clandestinidad obedece a la imperiosa necesidad de intercambiar información delicada lo más alejados posible del escrutinio público: la única duda es si en ese encuentro, gráficamente documentado con una contundencia inapelable por este periódico, Zapatero le sopló a su cliente la inminente detención de la Policía Nacional porque se la sopló el Gobierno o ambos intuyeron el fatal desenlace y se reunieron furtivamente para sincronizar algún tipo de estrategia ojalá inútil.
Las andanzas de Zapatero ya ofrecen pocas dudas: su rastro en Venezuela, China, Guinea o Marruecos es impresionante, y la hipótesis de que es un lobista disfrazado de voluntarioso y altruista hombre de paz es sin duda una vergonzosa certeza. Se ha dedicado a engordar su cuenta corriente, o la de sus hijas, simulando una labor de intermediación política que en realidad era un negocio en algunos de los rincones más siniestros del mundo, contribuyendo a blanquear a esos regímenes sin decirle a nadie la naturaleza comercial real de su papel.
Un caradura, probablemente en coalición con otros pajarracos del mismo nido, sobre los que la Justicia y la prensa decente debe ahondar hasta quitarles la careta y descubrir si su riqueza –¿verdad, José Bono?– tiene un origen lícito y legítimo o responde moral o hasta penalmente al archiconocido tráfico de influencias.
Pero siendo relevante destapar al infame Zapatero, lo verdaderamente importante es hacerlo con Sánchez: es grave que todo un expresidente se dedique a mercadear en satrapías o con intereses del país que un día presidió (y dejó hecho unos zorros); pero mucho más lo es que su sucesor en ejercicio lo avale, alimente sus negocios y, sobre todo, oriente la posición geopolítica de España en función de esos intereses bastardos.
Este periódico ya publicó, tras una larga y dura pelea en defensa del derecho a saber, el expediente de rescate de Plus Ultra que el Gobierno se negaba a difundir, por razones obvias: mientras en España cerraban miles de empresas por la pandemia, Sánchez, Montero y Ábalos se concentraron en salvar una residual pero muy bien relacionada. Y empiezan a sospecharse cosas no muy distintas sobre los volantazos diplomáticos de Sánchez con Rabat, Pekín, Malabo o Caracas.
Si a esto le añadimos que la Moncloa, el PSOE, el Gobierno y los aledaños de los tres se han colonizado, por designación de Sánchez, de leales inquebrantables a Zapatero resucitados por su sucesor, tras haberlos defenestrado cruelmente en sus albores, la pregunta es bien sencilla. ¿Qué tienen ustedes dos entre manos, presidentes?