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Ojo avizorJuan Van-Halen

Teresa de Lara o el rigor en la política

Era química, estadística superior, diplomada en Economía, y llevó al primer plano una preocupación entonces limitada: el medio ambiente, el cambio climático. Luego serían tan importante que el insultador oficial, Óscar Puente, achaca al cambio climático el accidente de Adamuz

Los columnistas escribimos sobre la actualidad, a menudo sobre políticos que conforman el día a día o anuncian lo que se nos viene encima. Aunque con Sánchez es complicado preverlo. A veces sus protagonistas son ignaros radicales que priorizan su catón ideológico a lecturas que deberían haber buscado antes de hacer el ridículo. Hoy escribo de una mujer, política del viejo estilo, que nos ha dejado, arrasada por el cáncer: Teresa de Lara Carbó, catalana de Gerona, españolísima y comprometida con su tiempo, que es el nuestro. Nunca buscó el brillo, sinoccumplir con su trabajo. Y cumplió. Los que la trataron lo saben. Quienes eran entonces sus adversarios políticos, nunca sus enemigos, también conocen cómo respondía a sus deberes. Nunca pensé que escribiría sobre ella en pasado.

Afirmo que Teresa de Lara era una política del viejo estilo porque aquellas formas de ejercer los deberes parlamentarios poco tenían que ver con los mayoritarios usos actuales. No había insultos, escasas descalificaciones, y eran normales, entre adversarios, lazos cordiales, a menudo amistosos. Fuera de las confrontaciones dialécticas, casi siempre de altura, se alzaba una grata relación personal. La práctica parlamentaria tenía otros tintes, más nivel. La ignorancia y el exabrupto en el ejercicio de la política, con minúscula, aparecen hoy cercanos a asambleas de facultad o a broncas de mercadillo local; en otro tiempo no eran ni mucho menos habituales. El debate parlamentario se ha degradado. Y la valía de muchos de sus protagonistas también; no pondré ejemplos.

Teresa de Lara era química, estadística superior, diplomada en Economía, y llevó al primer plano una preocupación entonces limitada: el medio ambiente, el cambio climático. Luego serían tan importante que el insultador oficial, Óscar Puente, achaca al cambio climático el accidente de Adamuz. Qué cosas. De Lara fue la primera portavoz de medio ambiente de su grupo en la Asamblea de Madrid, en la primera Comisión Parlamentaria de esa materia. Ella había conseguido que a todos nos preocupase lo que habría de ser un tema puntero. Su tenacidad y la constatación de que sabía y se lo creía, lo hicieron posible. Tuvo que ver no poco el apoyo de Ruíz-Gallardón.

Nuestra protagonista siguió una relevante trayectoria. En su última legislatura en la Asamblea de Madrid fue, además, senadora, y en 1996 pasó al Congreso de los Diputados. Permaneció en su escaño durante siete legislaturas. Tuvo ocasión de ostentar un alto cargo nacional en su ámbito, pero siempre se consideró sobre todo parlamentaria, y en ello siguió, como portavoz o presidenta de Comisión. En 2019 abandonó por propia voluntad la vida parlamentaria pero no la actividad pública. Miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Exdiputados y Exsenadores de las Cortes Generales, al fallecer ocupaba su vicepresidencia. Y sin abandonar sus temas medioambientales, ahora desde el Instituto de Ciencias, Medioambiente, Energía e Industria (ICMEI) de la Asociación.

El rigor caracterizó el trabajo de Teresa de Lara. Era lúcida, sensata, optimista, dialogante, poco dada a aspavientos y a subir el tono de voz. Contundente en la defensa de lo que creía. Muy familiar, sus seis hijos eran su orgullo; los cuidaba y los mantenía cercanos. Y a sus amigos los consideraba un regalo que cuidaba; sus pruebas de amistad eran innumerables. Nunca miraba atrás. La conocí hace más de cuarenta años en una comida con Fraga, trabajamos duro y llegamos juntos a la Asamblea de Madrid en 1987 en la lista electoral de Ruíz Gallardón. En 1995 el PP ganó las elecciones con mayoría absoluta. Y hoy conserva la Comunidad de Madrid.

Teresa de Lara, en política nacional, se sintió cercana, como yo mismo, a la persona y políticas de Mariano Rajoy, a veces incomprendido. Arregló la economía que Zapatero dejó a punto de ser controlada por los «hombres de negro». Recibió falseada la situación en el traspaso de poderes. Aquella Champions League de Zapatero es hoy el cohete de Sánchez. El país de las maravillas. Teresa de Lara tenía las ideas muy claras, y acaso por ello y por otras actitudes, hoy era una política de otro tiempo. Un tiempo mejor. El vacío que deja será muy difícil de llenar. Imposible para quienes fuimos sus amigos cercanos. Vive y vivirá siempre.

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