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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

A los Sánchez siempre les quedará República Dominicana

De esa guisa, perseguir la corrupción desde abajo es tan baldío como peligroso; desde arriba, es ridículo porque nadie es cirujano de sí mismo, por lo que sería conveniente homenajear a la Constitución cumpliéndola como aseveró ayer Felipe VI

A medida que avanzan las investigaciones policiales y las indagaciones periodísticas sobre cómo Pedro Sánchez y su mujer han utilizado el palacio presidencial como centro de negocios particulares, «los Kirchner de La Moncloa» van a tener que evocar nostálgicamente, como los protagonistas de la película «Casablanca», aquello de «siempre nos quedará París», pero mudando el emplazamiento a la Republica Dominicana al revelarse el destino paradisíaco de los enjuagues socialistas. Quizá ello elucide por qué se traviste de «secreto de Estado» los vuelos de aviones oficiales a aquel país o que Begoña Gómez se niegue a entregar su pasaporte al juez Peinado antes de que lo extravíe como esos emigrantes que buscan su regularización y no desean que se conozcan sus antecedentes penales por esa vía.

Tras aparentar ser la nueva Isla de la Tortuga de muchos corsarios de la política, República Dominicana rememora el Túnez a donde huyó el primer ministro socialista italiano Craxi, después de que llamara «pequeño maleante» a su correligionario Mario Chiesa, un ingeniero que dirigía un pequeño hogar de ancianos como tapadera de las coimas que percibía el PSI, y «el Señor 10%», como le apodaban, delató antes de ingresar en prisión cómo su jefe se enriquecía igualmente con las mordidas en Tangentópolis.

Ante este panorama, habrá que convenir que hay que ser un buen prenda para proporcionar un bien público como el Palacio de Congresos de Madrid como prenda –valga la redundancia aprovechando la anfibología del término– a la Organización Mundial de Turismo para que este organismo supranacional proyectara las actividades privadas de su «consuerte» que, a su vez, patrocinaba Air Europa para asegurarse el rescate gubernamental de la aerolínea con los fondos COVID. Todo ello después de que sus dueños se asignaran sus buenos dividendos, como advirtió la vicepresidenta Calviño antes de ser mandada callar para no arriesgar la sinecura europea que ambicionaba y que hoy le vale presidir el Banco Europeo de Inversiones (BEI), uno de los momios mejor retribuidos.

Al tiempo, su amigo Borja Cabezón, al que ha ido cayendo una breva detrás de otra como la de embajador del COVID, sin ser médico, como antes quiso sin ser diplomático aposentarlo en la Casa de América de Madrid, y al que aupó a adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE –un puesto maldito desde que es secretario general primero con Ábalos, luego con Cerdán y posteriormente con Salazar–, ha sido descubierto por El Confidencial participando de una estructura societaria administrada por testaferros para evadir impuestos sin que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se haya dado por concernida, a juzgar por la respuesta dada ayer tras el Consejo de Ministros. Claro que la vicepresidenta tampoco se dio por enterada de cómo el hermano musico del presidente se empadronó ficticiamente en Portugal tras ser enchufado por la Diputación de Badajoz y estuvo alojado de extranjis en La Moncloa, como ha contado con todo lujo de detalles Alejandro Entrambasaguas en El Debate.

Sin embargo, aun reconociéndose amigo de Borja Cabezón, sin que nadie se lo preguntara, Felipe González, al menos, lo emplazó a dar explicaciones. Al menos, salvó su negra honrilla echando mano del conocido apotegma aristotélico de «soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la Verdad». Lo hizo tras cruzarse con Sánchez e intercambiar un frío saludo sin hablarse en la celebración del hito que supone que la Constitución del 78 sea la más duradera de la Historia de España. «Noverdad» Sánchez vuelve a hacer honor a su palabra tras declarar en 2015 que, «si yo tengo en la Ejecutiva Federal de mi partido a un responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que le toca pagar, al día siguiente estaría fuera». Debe compartir aquello que, con su acrisolado cinismo, manifestara el expresidente francés, Jacques Chirac, de que «las promesas sólo comprometen a quienes se las creen, no a quienes las hacen».

En cualquier caso, la situación se le complica a Sánchez tras publicar El Español los WhatsApp secretos de Koldo García, asistente del ministro Ábalos, que acreditarían que los Sánchez Gómez urdieron una trama de influencias entre la OMT, Air Europa y República Dominicana. Esos mensaje documentan las informaciones periodísticas difundidas a raíz de que, con Víctor de Aldama como intermediario, Sánchez prometiera a la Organización Mundial de Turismo (OMT) en enero de 2019 una sede gratis por 75 años en la mejor zona de Madrid justo cuando ésta se decidió apadrinar las iniciativas de Begoña Gómez en un terreno inédito para ella y donde coincidió con Javier Hidalgo, copropietario de Air Europa, quien lanzó la filial Wakalua para que, con el respaldo de la OMT, sufragara el «África Center» de la mujer del presidente.

Sin duda, estos WhatsApp no alcanzan la trascendencia del cuaderno del chofer de los Kirchner donde éste anotaba escrupulosamente cada desplazamiento, cada lugar y cada interlocutor que efectuaba como recadero de bolsos o maletas llenas de dólares. Pero esta bitácora ayuda a desenredar, junto a la documentación que dice poseer el comisionista/comisionado Aldama, el ovillo de supuesta financiación ilegal del PSOE y de la campaña de Sánchez para encabezar la Internacional Socialista, junto con el dinero que han podido embaularse jerarcas sanchistas.

Puesto entre la espada y la pared, Sánchez torna a tirar de manual auspiciando, como ayer en el Consejo de Ministros, una nueva ley contra la corrupción refrendando lo anticipado por Tácito para la vieja Roma: «Cuánto más corrupto es el Estado, más numerosas son las leyes». De hecho, España debe acopiar tantas normas en este capítulo como para equiparse en número a México cuando la corrupción pudre hasta los tuétanos a las instituciones encargadas de sofocarla al estar colonizada por quienes se surten de ella misma. Brindar otra Agencia Independiente de Integridad Pública evoca la inútil Secretaría de la Contraloría inventada en México que sólo engrosó la burocracia como la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia que acaba de renunciar a elaborar el informe que convino sobre las responsabilidades en el Gran Apagón.

De esa guisa, perseguir la corrupción desde abajo es tan baldío como peligroso; desde arriba, es ridículo porque nadie es cirujano de sí mismo, por lo que sería conveniente homenajear a la Constitución cumpliéndola como aseveró ayer Felipe VI. Al fin y al cabo, la corrupción no deja ser una derivada del ejercicio abusivo del poder que anula la separación de poderes y que dicta pautas caciquiles de este tenor: «para los amigos, la justicia; para los enemigos, la ley». No obstante, al oír a Sánchez monologar consigo mismo ante el espejo de las televisiones, pareciera que revirtiera en honrada la corrupción que prodiga y prohíja con desenfreno hasta hacer de ella su modo de gobernar. Por eso, no desespera que, como en México, sus votantes se muestren dispuestos a querer a su propio ladrón ante la maña que despliega en su degeneración. O, en todo caso, siempre quedará Republica Dominicana.