La derechona contra Trump
La única relación de confianza política que mantiene en España la actual administración de los EE. UU. es con Vox
De la drástica reducción de la criminalidad al cambio de reglas de juego en Hispanoamérica (a partir de la limpia extracción de Maduro). Del crecimiento del empleo y de la inversión privada a la salida de millones de inmigrantes ilegales, la mayoría de forma voluntaria. Ya puede Trump exhibir resultados, que los medios de la derechona (tan contaminados de wokismo como los de la izquierda) no le van a perdonar haberse equivocado tanto con él. La única relación de confianza política que mantiene en España la actual administración de los EE. UU. es con Vox. Este hecho indiscutible se debe tanto a los méritos de Abascal como a los deméritos de los únicos socialdemócratas que quedan en España, y que están en el PP.
Calcularon mal, muy mal. Lo peor: Aznar calumnió a Trump acusándole de haber intentado un golpe de Estado. No es que lo pusiera a parir antes de las elecciones, que también, al modo de Cuca Gamarra elogiando a ese absoluto desastre de Kamala Harris. Es que la grave acusación de golpismo la vertió el expresidente tras el impresionante triunfo de Trump. Así pues, tiran piedras contra su propia credibilidad ante la administración estadounidense de forma gratuita, absurda. Se quieren llevar mal con el hegemón que ha herido de muerte al wokismo y que insta, y seguirá instando, a Europa a abandonar sus políticas suicidas. Están tan desorientados que comparan a Trump con Sánchez.
Kamala Harris era la favorita del Partido Único Transversal formado por PP y PSOE, que van de la mano en la UE, que votan casi siempre lo mismo en el Parlamento Europeo, que se reparten la Comisión Europea bajo la autoritaria ingeniera social Ursula von der Leyen. ¡Kamala Harris! Una analfabeta en política internacional incapaz de decir nada sobre Ucrania cuando se enteró de la invasión («Rusia es un país muy grande»). Una que sabe sobre la inflación lo justo para una clase de niños de diez años.
PP y PSOE pueden lanzarse tantas pullas y clavarse tantas puyas como deseen en el teatrillo doméstico español, pero siguen siendo socios estrechos en la instancia donde se cocina el 70 % del ordenamiento jurídico español. Ambos han compartido y aplicado las insensatas políticas que han rellenado y siguen rellenando España con inmigración masiva. Ambos concibieron y alumbraron el acuerdo con Mercosur, clavando una estocada mortal a la agricultura y a la ganadería españolas. De ambos grupos salió el Pacto Verde para acabar estrangulando la industria europea.
Todos los pasos que ha dado el bipartidismo, independientemente del discurso de acompañamiento y de la variación melódica según el lugar de sus conciertos, han ido en el sentido contrario al que la realidad impone. No es extraño que ambas cúpulas padezcan el ‘Trump Derengement Syndrom’ (Síndrome de Trastorno con Trump). Se les irá la vida en él, porque, cuando Trump termine, llegará Vance o, más probablemente, Marco Rubio. El penúltimo error del PP es creer que se pueden entender con Rubio puenteando a Trump. Ni de coña.