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Post-itJorge Sanz Casillas

Burkas de Prada en la alfombra de los Goya

Qué fácil ser combativo aprovechando el WiFi que no tienen los iraníes cuando a los ayatolás se les antoja

Act. 28 feb. 2026 - 22:40

El ser humano necesita certidumbres: comer tres veces al día, recibir la nómina en tiempo y forma o cobrar la renta el día 5 de cada mes. En la España de Sánchez (al menos en materia de vivienda) solo han hecho negocio las empresas de desokupación, las que ponen alarmas y las compañías tipo «alquiler seguro».

Por eso mismo, porque uno necesita certezas, suelo mirar cada año a la alfombra roja de los Goyas para confirmar que todo sigue igual: que Leiva es un gran músico y que nuestros actores tienen casi tanta sincronía como los tertulianos de RTVE. Casi todos opinan que «No a la guerra» y que Irán decida su futuro (como si pudieran). Por esa misma razón, hay que reconocer la valentía de gente como Aldo Comas, que ha dicho que «nadie habla de los 50.000 muertos que ha habido en Irán». Que es una obviedad, pero ya lo advirtió Chesterton: «Llegará el día que será preciso desenvainar la espada para afirmar que el pasto es verde». Así que muchas gracias por el atrevimiento, por salirte públicamente del discurso único y nadar como el salmón.

Porque esa es la cuestión. Resulta facilísimo ser feminista, homosexual y pro derechos humanos en España y dentro de la Unión Europea, donde todavía quedan algunos contrapesos en pie. Puedes ir a los Goya, vestirte de rojo o de blanco, pintarte los labios, destaparte los hombros. También tuitear, esgrimiendo el «derecho internacional» mientras tienes todo el WiFi que le falta a los iraníes comunes cada vez que a los jerarcas se les antoja. No sé qué dice exactamente el derecho internacional sobre golpear a las mujeres que se destapan la cabeza en Teherán. No sé qué dice el derecho internacional sobre las penas por besarse en público. Tampoco sé qué opinan sus paladines sobre los miles de muertos que ha habido en Irán en las últimas semanas. Me ocurre lo que a Aldo Comas.

Mención aparte merece Inés Hernand, cuya carrera no deja de repuntar desde que llamó «icono» a Sánchez en los Goya de hace justo dos años. En dos galas ha pasado de reportera a presentadora. Y como en España se puede hacer humor con las creencias de la gente y con el jefe del Estado (no ocurre lo mismo en Irán o Palestina), pues en dos ratitos le dio tiempo a hacer chanzas con Juan Carlos de Borbón y con la fe cristiana. Podrían haber hecho lo mismo con Mahoma, pero ya sabemos qué ocurrió la última vez.

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