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HorizonteRamón Pérez-Maura

Me confieso un católico desconcertado

Si en la doctrina de la Iglesia el perdón ya no es una prioridad absoluta, ¿cuál es la nueva enseñanza? Como tantas veces escuché decir a mi padre después de atender a algunas homilías en los años de la Transición «es que te quitan la afición»

He leído con asombro el comunicado de la familia de Antonio Tejero en el que informa que el arzobispo general castrense, don Juan Antonio Aznarez Cobo, ha comunicado su decisión de denegar la celebración de las exequias fúnebres del militar golpista condenado por su participación en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. No está de menos recordar que don Juan Antonio depende de la subsecretaría del Ministerio de Defensa.

No haya lugar a equívocos. Yo creo que cuando se condenó y apartó del Ejército a Antonio Tejero, se hizo Justicia. El teniente coronel se rebeló contra la legalidad vigente y contra sus superiores. Pero el funeral por un difunto, entre otras cosas, conlleva pedir perdón por sus pecados por parte de los que a esa ceremonia acuden a rezar. Casi todos tenemos demasiadas faltas por las que suplicar indulgencia. Hasta asesinos de ETA han tenido funerales en el seno de la Iglesia. ¿Por qué razón no tiene el mismo derecho, Tejero?

No intenten decir que ya no era militar. Es cierto que no lo era. Pero tiene un hijo que es coronel de la Guardia Civil en la reserva y nietos en el benemérito instituto. Ellos tienen todo el derecho a pedir que el funeral por su deudo sea en esa Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas. Yo he sido padrino de boda de mi cuñada en esa catedral. Ni ella ni su marido son militares. Pero el suegro de mi cuñada, muerto años antes de esa boda, sí era militar y eso les daba derecho a casarse allí.

La cosa no queda ahí. El 12 de noviembre de 2022 moría en Alzira, Valencia, Carmen Díez, la mujer de Antonio Tejero. Las condenas a Antonio Tejero eran plenamente vigentes y él estaba vivo. El funeral de Carmen Díez se celebró en esa misma Iglesia Catedral que ahora se deniega a Antonio Tejero.

El catolicismo tiene un elemento esencial: el perdón de los pecados. Todos los católicos que pedimos perdón a Dios con fe, sabemos que, si el arrepentimiento es sincero, podemos lograr esa indulgencia. Y nuestros seres queridos pueden celebrar un funeral como forma de interceder ante Dios por el perdón de nuestras faltas.

Como católico, seguro que Antonio Tejero fue un pecador. El pecado es un concepto esencialmente católico. Y también faltó, en eso no tengo duda, en materia que no era dogma de fe, ni enseñanza básica de la doctrina de la Santa Madre Iglesia. Pero murió en el seno de la Iglesia y resulta inverosímil para los que somos católicos que la Iglesia se niegue a celebrar un funeral al amparo del arzobispado al que perteneció buena parte de su vida y en el que están directamente integrados varios miembros de su familia.

Me confieso un católico profundamente desconcertado. Si en la doctrina de la Iglesia el perdón ya no es una prioridad absoluta, ¿cuál es la nueva enseñanza? Como tantas veces escuché decir a mi padre después de atender a algunas homilías en los años de la Transición «es que te quitan la afición».