Cisnes negros
Ante este nuevo cisne negro, que requeriría de un gobierno responsable haciendo horas extras en gestión, en Moncloa han decidido jugar la carta de la propaganda. De la pancarta del 'No a la guerra' pasando por la app del 'Hodio' y hasta la próxima ocurrencia pretenden llegar a las próximas elecciones
Eventos inesperados que, a pesar de ser fácilmente predecibles en los análisis a posteriori, irrumpen por sorpresa y provocan un gran impacto. Así describen los economistas los cisnes negros. La pandemia de Covid, la invasión rusa de Ucrania o la guerra de Irán son muestras recientes. Tras su éxito en Crimea, no era descartable que Putin tratara de ocupar más territorio, pero nadie parecía estar preparado para ello. Otro tanto podría decirse del conflicto en Irán. Israel siempre advirtió que no permitiría enriquecer uranio a un régimen que les negaba su simple derecho a existir. Con un aliado en la Casa Blanca dispuesto a respaldarle, que advirtió incluso a todo el que quisiera escuchar de lo que se avecinaba, sólo era cuestión de tiempo que ocurriera lo que ha ocurrido. Todos estábamos avisados. Nadie parece estar preparado.
Los mulás amenazaban con la bomba nuclear, pero su arma estratégica es el control del estrecho de Ormuz. Con la inestimable ayuda del ministro de Energía catarí para sembrar el pánico horas antes de la apertura semanal de los mercados de materias primas, han logrado hacer bailar el precio del petróleo a su antojo y conveniencia, poner en aprietos políticos a Donald Trump a las puertas de una campaña electoral y sembrar cizaña en el seno de la Unión Europea. El encarecimiento de la energía, vital en todos los procesos productivos, pone muy nerviosos a los dirigentes políticos. A poco que se alargue la guerra, nos daremos de bruces contra una nueva crisis inflacionista. Y disponen de pocas armas para combatir sus efectos.
Sólo Pedro Sánchez aparenta tener la situación bajo control. Se crece en la tensión, es su hábitat natural. Lleva unas cuantas crisis a las espaldas y de todas ha salido librado. Aunque lo haya hecho trampeando. Los decretos que firmó durante el infame confinamiento le han permitido modificar partidas de gasto con opacidad durante años para eludir la ausencia de presupuestos. Los fondos Next Generation han sostenido la inversión y la paz en las grandes multinacionales. Entretanto, mientras engordaba hasta cotas históricas la recaudación de Hacienda, la clase media seguía empobreciéndose.
Hoy, cuando aparece un nuevo cisne negro que amenaza con cambiar el mundo que conocemos, España dispone de menos recursos que en el pasado para hacer frente a las perturbaciones. Nuestros servicios públicos deteriorados y nuestras infraestructuras descuidadas son la muestra palpable. Ya no contamos con el superávit presupuestario para combatir imprevistos, Zapatero se lo fundió en la crisis de 2009. La capacidad de ahorro de las economías familiares, castigadas por impuestos y precios crecientes, merma a más de un punto por año. Los márgenes de las empresas se han contraído ante la presión alcista de las cotizaciones sociales y el elevado absentismo laboral. Y la deuda pública permanece en niveles estratosféricos. Ante este nuevo cisne negro, que requeriría de un gobierno responsable haciendo horas extras en gestión, en Moncloa han decidido jugar la carta de la propaganda. De la pancarta del 'No a la guerra' pasando por la app del 'Hodio' y hasta la próxima ocurrencia pretenden llegar a las próximas elecciones. Nuestra calidad de vida seguirá pagándolo.