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Post-itJorge Sanz Casillas

En contra de la «prioridad nacional»

El gran logro del socialismo es haber convencido a la derecha de la necesidad del Ingreso Mínimo Vital cuando, en verdad, la mejor ayuda es la que no hace falta dar

No sé si han visto el asalto a la embajada de Gambia por decenas de inmigrantes de hace solo un par de días. En las imágenes se observa cómo un grupo de personas salta la verja para hacerse con un «certificado de vulnerabilidad», que por lo visto es de lo primero que te piden para acceder a la regularización masiva de estas semanas. Francamente, nunca vi a nadie tan desesperado por empezar a pagar nuestras pensiones.

Porque esa es la trampa en la que muchos han caído para aplaudir esta regularización, de la que no se puede discrepar ni un poquito so pena de ser considerado un racista. Muchos no se han molestado en hacer la cuenta. Pero desde que un inmigrante llega a España hasta que empieza a aportar al sistema –más de lo que recibe por su condición de vulnerable– a lo mejor pasa una década. O a lo mejor no llega nunca ese día. Otra cosa es que queramos convertir España en una gigantesca ONG. En ese caso, vale, díganlo. Pero que no nos vengan con la excusa de la pensión.

Dicho esto, la otra trampa en la que han caído muchos es el asunto de la «prioridad nacional». El gran logro del socialismo es haber convencido a las derechas de la necesidad del Ingreso Mínimo Vital y de otras mil mamandurrias más. ¿De verdad se creen que alguien salta la verja de la embajada de Gambia porque le corre prisa pagar una cuota de autónomo de 250 euros al mes? Alguno habrá, pero tampoco creo que sean muchos.

En vez de discutir sobre quién tiene que llegar antes a los restos del estado de bienestar, el debate debería ser cómo lo financiamos y qué metemos dentro de ese estado de bienestar. Y me explico: en el año 2008, justo al comienzo de la crisis financiera, había un 23,8 % de pobres en España, según la tasa AROPE. Hoy, en pleno 2026 y cinco años después de la aprobación del Ingreso Mínimo Vital, ese porcentaje está en el 26,1 %. Es decir, que todo el abanico de ayudas no ha servido para contener la pobreza (quizás la ha cronificado), lo que nos carga de razones a quienes pensamos que la mejor ayuda pública es la que no hace falta dar y que el verdadero bienestar es tener todo más o menos pagado con el sudor de tu frente, no con el sudor de otro al que, seguramente, le están crujiendo.

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