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Desde la almenaAna Samboal

¿A quién sirve Interior?

Interior ha sido siempre una caja de secretos. Sin embargo, antes teníamos la certeza de que se trabajaba en favor de las víctimas. Ahora, tenemos la desagradable y desasosegante sensación de que llevan ventaja los delincuentes, sean presuntos o condenados y sus encubridores

Marlaska asegura que no conocía la conducta presuntamente delictiva de la que una inspectora de policía acusa al jefe operativo del cuerpo. No hay por qué dudar de su palabra, salvo que afloren hechos que demuestren lo contrario, aunque sí resulta llamativo que la dimisión –que no destitución– del susodicho se produjera sólo en el justo momento en el que la denuncia, convenientemente editada para omitir los datos de la denunciante, preparada para ver la luz, llegó simultáneamente a las redacciones de los periódicos. Ha sido una operación de comunicación digna de elogio que suscita otras tantas dudas. ¿Quién lo ha filtrado a la prensa? ¿Por qué en este momento? ¿Se ha desvelado para sorprender y erosionar la posición política del ministro o simplemente para forzarle a prescindir de un estrecho colaborador al que, de no ser pública la conducta que se le imputa, nunca hubiera echado? ¿Destituyó Marlaska al responsable de la Policía por los graves actos que le imputan, porque el juez puso fecha a su declaración, porque tuvimos noticia de ellos o por temor a que, de no hacerlo, se divulgaran las grabaciones de las que dice disponer la denunciante? Cuesta creer que, si ha perdido su confianza en él, tal y como afirma, le permitiera, veinticuatro horas después, seguir usando el coche oficial.

La inmediata dimisión del acusado y la retirada del servicio del comisario que era su mano derecha, que parecía estar al tanto de los hechos y al que se le podría llegar a imputar una presunta coacción a la supuesta víctima, se daban por descontadas en cuanto la demanda salió a la luz. Pero hay responsabilidades aún que el ministro debe depurar. Cuesta creer que en un cuerpo como el de Policía, en el que nadie trabaja solo, formado por hombres y mujeres entrenados para ver lo que otros ni siquiera advertimos, no se tuviera la más mínima sospecha de la relación que la denunciante mantenía con el jefe hasta que la trasladaron desde la comisaría de Coslada hasta el Departamento de Recursos Humanos. ¡Qué casualidad! Justamente, en el mismo edificio, el de la Dirección General, en el que está ubicado el despacho del presunto agresor. Si circulaban rumores acerca de sus presuntas conductas indecorosas, como aseguran los sindicatos, lo mínimo que tendría que haber hecho Francisco Pardo Piqueras, el responsable político de la Policía, era investigar a su subordinado. Otro que tampoco ha dado la cara.

Marlaska tiene que dar aún muchas explicaciones. Entre otras cosas, porque, como mínimo, cabe preguntarse si está capacitado para ser ministro del Interior alguien que admite públicamente que ni siquiera sabe de lo que acontece en el despacho de al lado. Sorprende su aparente descuido. Como también que no parezca haberse enterado de la masiva y encubierta excarcelación de asesinos etarras en el País Vasco. Su escenificada ignorancia contrasta con el celo que ha puesto para estar al tanto de investigaciones judiciales en curso. No le ha temblado la mano a la hora de truncar brillantes carreras profesionales de los guardias civiles que se negaban a informarle. Interior ha sido siempre una caja de secretos. Sin embargo, antes teníamos la certeza de que se trabajaba en favor de las víctimas. Ahora, tenemos la desagradable y desasosegante sensación de que llevan ventaja los delincuentes, sean presuntos o condenados y sus encubridores.

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