El turista en Adamuz
Prestarse a un sinfín de entrevistas y a extenuantes ruedas de prensa no necesariamente se traduce en informar con trasparencia. El objetivo puede ser llenar el espacio público para evitar que otros lo hagan o para ocultar lo que a estas alturas ya tendríamos que saber
Llegó, vio, se informó, daría las instrucciones que considerara oportunas, dejó constancia ante las cámaras de su presencia y se fue. Debemos o queremos suponer que el presidente se mantiene al día y supervisa la actuación en el lugar de la tragedia, pero, hasta hoy, su actuación política se reduce a un mero paseo por la zona, con buen cuidado de no coincidir con los reyes, no fuera a ser que, con los ánimos caldeados, a alguien le diera por evocar o reeditar los sucesos de Paiporta. No se espera que asista al funeral, ni siquiera por respeto a las víctimas, sea cuáles sean sus creencias.
Habrá quien quiera anotar en su haber el hecho de haber respaldado, en el transcurso de un mitin, la exposición pública de Óscar Puente. Me temo que ese mensaje no es más que la palmadita en el hombro al hombre al que ha encargado contener el chaparrón, con el fin de evitar que roce siquiera los predios de la Moncloa. Los presidentes no eligen a un ministro porque sea necesariamente la persona más competente en las cuestiones que se dirimen en su departamento. De ser así, esa responsabilidad recaería en los profesionales o en los propios funcionarios, más cualificados en las tareas técnicas. El mandato de un ministro es político y, en el caso que nos ocupa, bien podría haber sido construir carreteras, bien optimizar la infraestructura existente o si acaso emplear adecuadamente los fondos europeos que, de otro modo, vamos a perder. Sin embargo, basta observar el desempeño de Puente desde que tomó la cartera para concluir que la misión que le han encomendado no es otra que averiguar hasta dónde llega la factura de los chanchullos de sus predecesores, tapar lo que haga falta y desviar la atención. Es lo que está haciendo. La prueba es que, nada más llegar, hizo auditorías, destituyó a directores generales y presidentes de empresas públicas y se dedicó a disparar dialécticamente a todo el que estuviera a tiro en las redes sociales.
Prestarse a un sinfín de entrevistas y a extenuantes ruedas de prensa no necesariamente se traduce en informar con trasparencia. El objetivo puede ser llenar el espacio público para evitar que otros lo hagan o para ocultar lo que a estas alturas ya tendríamos que saber. Y, ahora que las investigaciones independientes y periodísticas comienzan a desvelar verdades incómodas, constatamos que el ministro se ha empleado a fondo en confundir y se cierra en banda a proporcionar información. Cabe sospechar que, de hacerlo, podría poner en peligro la tarea encomendada, que no es otra que ocultar todo aquello que ponga en entredicho la gestión de los comisionados de Pedro Sánchez, bien sea la suya propia, la de la bien pagada en Paradores Raquel Sánchez o la del preso preventivo José Luis Ábalos. Quién sabe si también la de los protegidos de su mentor, Pepiño Blanco. Con cuarenta y cinco víctimas mortales, sin embargo, la tarea se le complica. Hay mucho por saber.
Pagaron setenta millones por renovar íntegramente la vía. ¿Se pagó el precio de una renovación total si sólo fue parcial? ¿O el dinero del contribuyente que no se empleó en raíles fue a parar a bolsillos ajenos? ¿Eran las adjudicatarias de la obra las empresas más competentes? ¿O ganaron el contrato porque eran amigos agradecidos de Koldo, Ábalos o la presidenta de Adif? ¿O eran tal vez las que hicieron lo justo para cobrar, pero se hizo la vista gorda porque retribuían al PSOE? La obra se encarga bajo el mandato de José Luis Ábalos. ¿Tuvieron tiempo el ministro y su equipo, entre juerga y juerga, de supervisar el cumplimiento de los objetivos o les abonábamos un salario para que financiaran sus vicios mientras, con su desidia, comprometían nuestra seguridad? ¿Revisó Óscar Puente sus gestiones cuándo llegó al ministerio? ¿Auditó las certificaciones de los trabajos que habían encomendado o simplemente se dedicó a esconder las facturas de los multitudinarios y frecuentes viajes con los que se entretenían y que ponían los pelos de punta a las secretarias que tenían que hacer los pagos? ¿Por qué se niega el ministro a entregar la información sobre la soldadura que ha fallado? ¿Por qué esconde Adif los contratos? Y, por encima de todo: ¿qué sabía y qué sabe Pedro Sánchez? ¿Por qué el presidente, después de una visita fugaz, ha salido corriendo del lugar del accidente? ¿Sólo teme que dañe sus expectativas electorales en Aragón, ya de por sí paupérrimas? ¿O teme que la obra de Adamuz le manche?