Fundado en 1910
Agua de timónCarmen Martínez Castro

Entregados los Oscar, el espectáculo continúa

Ahora Sánchez nos confiesa su honda irritación porque esta guerra de Trump está poniendo el mundo patas arriba. Tanto es así que solo veinte días de guerra le han impedido presentar sus presupuestos durante tres años

El Debate nos ha ofrecido por fin la foto de Yolanda Díaz preparada para asistir a la gala de los Oscar. Sin necesidad de ver la imagen, ya había quedado acreditado que nuestra vice se ha traído de Hollywood una buena dosis de creatividad cinematográfica. Ella y Sánchez nos han deparado este viernes un duelo en la cumbre por hacerse con el codiciado título de drama queen de la política española.

Yoli salió al ataque desde el primer momento, como el Madrid en las noches de Champions. Debió sentirse en la obligación de brindar a los suyos alguna migaja de dignidad después de haberlos dejado tirados en su noche electoral más negra y se puso a ello con pundonor. Ella y sus ministros salieron dispuestos a inmolarse en un gesto heroico: se negaron a participar en la reunión del gobierno hasta que se recogieran sus exigencias ¡Recórcholis, la nueva versión del escuadrón suicida! Inmediatamente saltaron las alarmas en los móviles y los tertulianos de la flota progre desplegados por los distintos programas se pusieron a explicarnos la gravedad del órdago lanzado: que si la mayor crisis del gobierno de coalición progresista, que si un parteaguas de la izquierda del futuro, que si un golpe en la mesa de los socios, siempre preteridos en beneficio de la derecha catalana, que con la vasca es la más derecha de todas las posibles… En definitiva, todo un arsenal de metáforas para describir el momento casi histórico.

Así fue durante dos horas de suspense hasta que llegó el imprescindible enjuague: dos decretos, uno para ser aprobado con las medidas iniciales planteadas por el PSOE y otro destinado al postureo++ y luego al cubo de la basura con las exigencias de Sumar. La montaña parió un ratón y el gran drama existencial acabó en guion de anuncio televisivo: la niña, muy digna con las maletas en el descansillo, preparada para irse de casa hasta que su papá le recuerda que esa noche es viernes y hay pizza para cenar.

Pero todavía nos faltaba la segunda parte de la función. Ahí entró Sánchez en escena, como Norma Desmond en Sunset Boulevard. Los ojos más maquillados que de costumbre para acentuar su honda preocupación, el gaznate bailándole en el cuello de la camisa y hasta una confesión íntima de su enfado más profundo ¿Quién ha dicho que Sánchez no tiene sentimientos? Ya nos dijo en su día que era un hombre enamorado; últimamente nos enseña en TikTok cómo se divierte con sus perros, cómo se juega el físico lanzándose en bici por trochas más complicadas y cómo se emociona con las cartas que llegan a Moncloa, jaleando su liderazgo pacifista.

Dispuesto a no dejarse nada en este destape sentimental, ahora Sánchez nos confiesa su honda irritación porque esta guerra de Trump está poniendo el mundo patas arriba. Tanto es así que solo veinte días de guerra le han impedido presentar sus presupuestos durante tres años. ¿Cómo no va a estar enfadado y contrito nuestro presidente? No tenemos presupuestos por culpa de Trump y Netanyahu y todo lo demás es puro salseo.

Es admirable el empeño de los compañeros por seguir preguntando al presidente por unos presupuestos que jamás se van a presentar. Entre todos vivimos la ficción de formar parte de una democracia avanzada cuando la realidad es que una panda de vividores ha conseguido atrincherarse en el poder como unos inquiocupas de las instituciones. Y aguantarán así hasta el último día mientras los viernes haya pizza calentita.