Fundado en 1910
HorizonteRamón Pérez-Maura

Pablo Iglesias y el turismo del ideal

Él solo está para mostrar su solidaridad con un régimen que ya está pidiendo socorro al que llaman «capitalismo yanki». Que debe de ser malísimo. Salvo cuando te mueres de hambre

Act. 24 mar. 2026 - 08:21

Todavía recuerdo el vuelo a Bogotá el 11 de agosto de 2005. Viajaba con mi familia y con otros amigos. Y uno de estos y yo, íbamos leyendo el mismo libro: Turistas del ideal, de mi admirado Ignacio Vidal-Folch (Destino, colección Áncora y Delfín, 2005). Mi amigo y yo, sentados con tres filas de diferencia, cada pocos minutos prorrumpíamos en carcajadas hasta el punto de que otros pasajeros se acercaron a ver qué leíamos. Esa gran novela es una sátira de los llamados «intelectuales comprometidos», protagonizada por un escritor comunista con toda la pinta de ser Manuel Vázquez Montalbán –escribía literatura policíaca y sentía pasión por la gastronomía–, un cantautor clónico de Joaquín Sabina y un premio Nobel portugués cincelado sobre Saramago. Los tres acuden a Chiapas, en México, donde entonces transcurría la llamada 'Revolución Zapatista', para mostrar su solidaridad con el llamado subcomandante Marcos.

Eso y no otra cosa es lo que ha hecho el actual Pablo Iglesias con su última visita a La Habana: turismo del ideal. Hace falta tener muy poca vergüenza para ir a apoyar a la tiranía castrista cayéndose el país a pedazos, sin suministro eléctrico ni gasolina. Y justificando la situación con el supuesto embargo. Pues no parece que ese embargo impidiera la llegada de petróleo de Venezuela hasta la caída de Nicolás Maduro. El único embargo que hay ahora es el que se inflige a sí mismo el régimen de Miguel Díaz-Canel. Porque si Cuba tuviera dinero, comprarían petróleo en el mercado como lo hace todo el mundo. Y el único responsable de la quiebra de Cuba es el propio régimen que sigue aplicando un comunismo en el que ya no cree ni el Partido Comunista de China.

Las imágenes de las montañas de basura en las calles de La Habana me han recordado a las que viví en agosto de 1989 en las calles de Beirut. Allí se vivía una guerra que hacía imposible la recolección de los desperdicios. Y un día vi la increíble imagen de un gato que buscaba comida en la basura y de repente salía huyendo perseguido por una rata casi del tamaño de un conejo. El mundo al revés. Parece que en La Habana, para evitar estas pesadillas, están empezando a quemar la basura en las calles con los problemas que esos humos pestilentes pueden provocar a la población. A ver cuánto tardan en decirnos los apologetas del castrismo que de esos problemas se ocupa con eficacia la sanidad cubana que, según ellos, es de las mejores del mundo. Capaces serán.

Tenemos claro que Pablo Iglesias ha hecho una visita para no mancharse en las calles habaneras. Parapetado en el Hotel Meliá, que es el único que sigue abierto con todas –o quizá solo casi todas– las comodidades. No le hemos visto en las plazas hablando con el pueblo cubano, ni en las cantinas. No. Él solo está para mostrar su solidaridad con un régimen que ya está pidiendo socorro al que llaman «capitalismo yanki». Que debe de ser malísimo. Salvo cuando te mueres de hambre.

El próximo viernes vuelo a Colombia y espero volver a leerme en el avión Turistas del ideal como recuerdo del viaje de hace veintiún años. Sospecho que encontraré ahora un buen ejemplo de cómo la realidad puede superar a la ficción. Nos lo ha demostrado Iglesias en La Habana.

comentarios

Más de Ramón Pérez-Maura

tracking

Compartir

Herramientas