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Madrid es una ciudad maravillosa. Tanto, que solo se puede disfrutar de verdad cuando está vacía. Es por eso que hay que medir los periodos vacacionales para ir a la contra del resto de la gente y quedarse en Madrid en agosto y en Semana Santa. Es la parte negativa del gran momento en el que está inmersa la capital de España: que, de tanta gente que viene, no hay forma de vivirla en condiciones y debes aprovechar esos paréntesis de respiro.

Llegué a Madrid en 1997 y me llamó la atención desde el primer momento ese fenómeno sociológico por el que la capital se vaciaba entre el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Eso entonces, porque ahora el periodo se asemeja a las vacaciones escolares y parece que en la ciudad ha explotado un apocalipsis zombi a partir del Viernes de Dolores.

Este año opté por quedarme en Madrid. He sido uno de esos que han disfrutado de unas «vacaciones hogareñas de Semana Santa», como definió hace un par de días un medio de Prisa a los que no viajaban este año porque no tenían un duro. Seguro que la decisión no dependía de los impuestos abusivos de este Gobierno ni de que el precio imposible del alquiler les impida ahorrar, algo que dicho medio de comunicación decidió obviar, esperando el momento en que gobierne la derecha para cargar las tintas.

Ahora que hablamos tanto del Artemis II, no hay que olvidar que, según el Gobierno, la economía española va como un cohete. Tanto, que el 77 % de los ciudadanos ha decidido (de forma voluntaria, por supuesto) quedarse en sus casas esta Semana Santa en lugar de marcharse a Honolulu o a París para cenar a orillas del Sena. Será que los españoles somos de gustos sencillos y preferimos el calor del hogar, no que vivamos en un país que va de cabeza, con un Gobierno que no solo no gobierna, sino que desgobierna.

Aunque con todo esto hay una duda que me surge al leer el informe del que habla el medio de Prisa. Si la situación es tan mala, ¿por qué Madrid estaba tan vacío como todos los años? Quizás sea que el oasis fiscal de la Comunidad da un respiro a sus ciudadanos y les permite marcharse, mientras que otros no pueden disfrutar de las mismas condiciones. Una teoría inabordable, porque hablar bien de Ayuso es causa de despido.