Una gran tarde de gloria en la Maestranza
Lo que de verdad hay es que esa inmensa plaza de la Maestranza cree de manera aparentemente unánime -alguno se quedaría de brazos cruzados, digo yo- que lo que el Rey Juan Carlos I ha dado a los españoles pesa mucho más que cualquiera de las acusaciones presentadas y archivadas que conocemos
Recuerdo que no hace tanto -un año, tal vez dos- más de una persona me dijo que el Rey Juan Carlos no volvería nunca a los toros porque si entrara en una plaza lo abuchearían. Vivimos rodeados de profetas de mucha perspicacia. A los hechos me remito. El Rey Juan Carlos fue recibido el pasado domingo en la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla con una larga ovación del público puesto en pie.
¿Por qué se produjo esa reacción del público? ¿Iría un propio dando un sobre uno a uno a todos los asistentes a la corrida para que vitoreasen a Don Juan Carlos? ¿Serán los asistentes de los que creen que, aunque se hayan archivado todas las causas de corrupción contra el viejo Rey, algo hubo de verdad y a ese público le gusta el mangoneo?
O, ni lo uno ni lo otro. Lo que de verdad hay es que esa inmensa plaza de la Maestranza cree de manera aparentemente unánime -alguno se quedaría de brazos cruzados, digo yo- que lo que el Rey Juan Carlos I ha dado a los españoles pesa mucho más que cualquiera de las acusaciones presentadas y archivadas que conocemos.
No hará falta que diga que me ha emocionado esa ovación y sobre la que creo que debemos reflexionar todos los españoles, el Gobierno y la Real Familia. Quizá la Casa del Rey no esté jugando sus cartas de forma muy acertada frente al Gobierno.
Se ha dicho claramente que Don Juan Carlos puede entrar y salir de España cuando quiera. El domingo lo demostró viniendo a los toros a Sevilla, pernoctando allí y partiendo después para Cascais. No consta un solo mal gesto de nadie durante las horas que se movió por Sevilla. Pero sigue habiendo cosas desconcertantes.
Don Juan Carlos siguió la corrida desde el palco de la Real Maestranza. Lo que tiene lógica porque el Rey Juan Carlos es su Hermano Mayor Honorario. Es decir: sigue siendo Hermano Mayor y sigue siendo Rey. Desde 2014 el Hermano Mayor titular es el Rey Felipe. Pero en esa plaza hay un Palco Real que no se abrió para el Rey Juan Carlos. ¿Por qué? Según el acta de abdicación sigue siendo «el Rey Juan Carlos» ¿y no tiene derecho al uso del Palco Real invitando a los maestrantes que tuviera por conveniente? Su madre, Doña María de las Mercedes, usaba ese palco siempre que iba a la Maestranza. Y sólo había sido Reina en el corazón de los más leales. Nunca según la ley.
Me cuentan quienes lo acompañaron en el palco de maestrantes que el Rey Juan Carlos estaba encantado con la acogida y especialmente con el genial Morante, cuyo largo brindis nos hurtaron los reporteros de Canal Sur, que estaban en el callejón con sus micros y se forraron a entrevistar allí a toreros y ganaderos. Pero esta vez, qué curioso, a diferencia de la práctica habitual no cubrieron el brindis. Y bien conocemos la personalidad, opiniones y labia del gran Morante.
Qué espíritu y qué fuerza física y de voluntad, demostró el Rey Juan Carlos el Domingo de Resurrección teniendo en cuenta su desastroso estado físico, con una movilidad mínima y casi imposibilidad de tenerse en pie. Es admirable y muy triste. Pero qué valor demostró queriendo venir a una plaza de toros donde no había ninguna certeza de cuál iba a ser la reacción popular. Y no olvidemos que en una plaza de toros hay una representación transversal de la sociedad: todas las clases sociales y todas las ideologías. Está claro que el Rey Juan Carlos no ha perdido su instinto. No sé si político, pero desde luego el popular.
Otrosí: aconsejo a Marisú Montero que tome buena nota de lo que vimos en la Maestranza.