Fundado en 1910
HorizonteRamón Pérez-Maura

Y con las mascarillas no hemos empezado

Me parece extremadamente relevante que los tres primeros días de abusos revelados en el juicio a Ábalos y Koldo hayan sido contestados con silencio por parte de la Moncloa y Ferraz

Así que en este juicio que los medios de comunicación llamamos «de las mascarillas» éstas apenas han aparecido en escena y llevamos tres días. Me cuenta María Jamardo que hubo alguna referencia en la testifical de Angélica Martínez, secretaria general de Ineco, que declaró el miércoles sobre el asunto del suministro de material sanitario al Gobierno, a través de Transportes que es donde ella está asignada. Pero en estos juicios los temas se abordan por bloques, agrupando materias temáticas: malversación de fondos públicos, mordidas a Ábalos y Koldo para conseguir beneficios empresariales; es decir, tráfico de influencias y cohecho; y después tiene que llegar la parte de las mascarillas y el material sanitario, aunque Angélica Martínez se adelantó.

Pero de lo que aquí se iba a tratar -según decíamos mal los medios de comunicación- era del enriquecimiento ilícito con la venta de las mascarillas. Y lo cierto es que es que los españoles llevan tres días escuchando relatos de la bacanal permanente en la que estaban inmersos la mano derecha de Sánchez y su asistente. Y en este juicio no toca pelota Santos Cerdán. Todo se andará.

Creo que lo que estamos escuchando en el juicio es una demostración incuestionable de la corrupción estructural del sanchismo. Desde que estalló en febrero de 2020 la crisis de la Covid, la pandemia no fue una prioridad. Al contrario. En el juicio no se ha tratado de ello, pero todos recordamos como lo primero era mantener la manifestación del 8 de marzo por el día de la mujer. Nunca nos dirán cuántos contagios salieron de ahí. Y lo segundo fue ponerse a hacer caja.

Me pone carne de gallina pensar cómo la prioridad desde el minuto uno fue ver cómo pillar. Todos tenemos amigos que murieron en esos días. En algún caso muy buenos amigos, aunque afortunadamente ningún familiar cercano en mi caso. Yo tenía entonces la responsabilidad de la sección de necrológicas de ABC, como la tengo hoy sobre la de obituarios en El Debate. Había días que con dos páginas de la edición en papel del diario no tenía espacio suficiente para reportar sobre la muerte de personas de alguna relevancia pública, víctimas de la pandemia. Y, mientras tanto, estos personajes que están en el banquillo de los acusados estaban buscando formas de hacer caja.

Me parece muy revelador recordar cómo primero nos dijeron que no hacían falta las mascarillas. Que no servían para nada. Y cuando ya las tenían en su poder algunos, de repente se volvieron imprescindibles. Eso sí, impidieron a la Comunidad de Madrid importarlas por sí misma desde Asia. Sólo se podía importar las que aprobaba el Gobierno cuyo ministro de Sanidad era un tal Salvador Illa. Que ahí sigue en la Generalidad de Cataluña mirando para otro lado. En España y para algunos medios de comunicación sólo hubo muertos en la Comunidad de Madrid. Al resto de los muertos, a mis amigos, se los llevó el viento.

Pues todos esos muertos tienen que ver con lo que se está juzgando estos días en el Supremo. Me parece extremadamente relevante que los tres primeros días de abusos revelados en el juicio a Ábalos y Koldo hayan sido contestados con silencio por parte de la Moncloa y Ferraz. Sospecho que ni pagando a setecientos asesores hay forma de construir un relato que justifique o aminore la barbaridad que estamos conociendo. Por eso están callados como meretrices. Y esto no es nada comparado con el calvario judicial que le queda a este Gobierno.