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Unas líneasEduardo de Rivas

El respeto que otros países le conceden al Rey Juan Carlos y España le niega

Si, tras la muerte de Franco, hubiera impuesto una monarquía autoritaria al estilo de Marruecos, Sánchez apreciaría más la figura del Rey

Me considero una persona monárquica. Por dos motivos principalmente. El primero, por agradecimiento. Siempre se ha dicho que España era más juancarlista que monárquica en reconocimiento a todo lo que hizo el por entonces Rey en favor de la democracia tras la muerte de Franco. Si no hubiera sido por él, y si no hubiese estado tan convencido de que la única forma posible de gobierno era la que hoy tenemos, quién sabe lo que hubiese pasado. Estaba en su mano que nos hubiéramos convertido en otra cosa, como, por ejemplo, en una monarquía autoritaria al estilo de Marruecos. Quizás así Sánchez apreciaría más la figura del Rey.

El segundo motivo para creer firmemente en una monarquía en lugar de en una república es la falta de confianza en la clase política. La forma de gobierno del Estado español es la Monarquía parlamentaria, pero, en la práctica, se acerca muy mucho a lo que viene siendo una república con rey, ya que nuestro jefe de Estado carece de poderes reales para tomar decisiones, que recaen en las Cortes y en el presidente del Gobierno. Por tanto, nuestro Rey ejerce la misma figura que representaría el presidente de una teórica república. Y yo, por lo menos, prefiero que sea una persona que ha sido formada y preparada durante toda su vida para representar a España la que ocupe ese puesto, en lugar de alguien que, por muy elegido por el pueblo que haya sido, nunca llegará a tener las capacidades de Don Juan Carlos, del Rey Felipe o de la Princesa Leonor.

Como muestra, pueden tomar el ejemplo más cercano. Pedro Sánchez consiguió los votos y logró convertirse en presidente del Gobierno. De no haber habido un Rey en España, muy probablemente hubiera acabado siendo presidente de la República. ¿Sería mejor? Permítanme dudarlo.

Ahora bien, ser monárquico no significa cerrar los ojos ante los errores. La situación que vive hoy el Rey Juan Carlos es la que es por no haber cumplido con los estándares que se le deben exigir a un monarca, mucho más altos a nivel de ejemplaridad que a cualquier otra persona, precisamente para que su puesto no termine cayendo en manos de un político de turno. Por eso, sus fallos nos duelen más a los monárquicos. Pero, una vez reconocidos los errores y saldados con la Justicia (como ya ha ocurrido), se deben perdonar y olvidar, aunque solo sea como modo de agradecimiento a una persona que ha hecho tanto por España y que vive sus últimos años lejos de un país que logró reconciliar y modernizar.

Sin Juan Carlos I, España no sería hoy lo que es y eso es algo que parece olvidar un Gobierno que lo ataca el mismo día que lo homenajean en Francia. Dice mucho de nuestros dirigentes que tenga que ser el país vecino el que reconozca su labor mientras aquí hay quienes se llevan las manos a la cabeza porque lo ovacionen en una plaza de toros.

Como Sánchez no lo permitirá, la primera medida del futuro Gobierno de PP y Vox —si es que se produce algún día— debería ser orquestar el retorno del Rey, para que reciba el reconocimiento que le han negado en tantas ocasiones. Sería un error imperdonable que Don Juan Carlos falleciera fuera de España.