Sánchez rendía pleitesía a Maduro, pero desdeña a María Corina Machado
El presidente del Gobierno alardea de que siempre está en el lado bueno de la historia. Pero se ha equivocado de lado, como tantas otras veces
La primera vez que tuve constancia de la realidad que se vivía en Venezuela fue en 2009. Por entonces, era becario en el gabinete de prensa de Telecinco –antes incluso de que se convirtiera en Mediaset–. En el equipo había una venezolana, Yolanda, alegre, sonriente y vivaracha, dispuesta a echar una mano en lo que hiciera falta y siempre disponible para ayudar a un chaval que superaba por poco los 20 años.
En aquel tiempo se celebró en Venezuela un referéndum constitucional y, al día siguiente, Yolanda no era la misma. Ni alegre ni sonriente. Entre lágrimas, intentaba explicar al resto del equipo cómo había acudido al consulado para votar, sin la suerte de poder hacerlo, porque solo dejaban acceder a los que sabían que votarían a favor. Contaba cómo se había producido, una vez más, un pucherazo en un país que se estaba condenando a la pobreza y cómo aquella victoria del sí a la reforma constitucional era una estafa. Por entonces, estaba Hugo Chávez en el poder.
Me he acordado muchas veces de aquel día desde que Trump capturó a Maduro e inició la liberación de Venezuela. Y reconozco que me emocioné al ver, hace unos días, la aparición fugaz de Yolanda en El programa de Ana Rosa, durante su entrevista a María Corina Machado. Como aquel día en 2009, Yolanda tampoco podía evitar llorar, pero por motivos muy diferentes.
Lo que representa María Corina Machado, tanto para Yolanda como para millones de venezolanos, es precisamente eso: el anhelo de todo un pueblo que durante años ha llorado de rabia y frustración y que merece que sus lágrimas ahora sean de alegría, esperanza e ilusión.
Por ese motivo, aunque no sorprende a nadie, llama más la atención, y enerva considerablemente, que el Gobierno le haya dado la espalda a la ganadora del Premio Nobel de la Paz en su visita a España. A Sánchez le preocupaba más su cumbre «por la democracia», con representantes de izquierdas que amparaban el chavismo, que era de todo menos demócrata. Igual que él, que acogió sin miramientos a Delcy Rodríguez en España cuando la actual dictadora de Venezuela tenía prohibida la entrada en la Unión Europea.
Sánchez eligió entonces y puso sus intereses con Maduro muy por encima de las relaciones con el resto de los 27. Como también ha elegido ahora y ha optado por arrejuntarse con Sheinbaum, Lula y Petro. Alardea de que siempre está en el lado bueno de la historia. Pero se ha equivocado de lado, como tantas otras veces.