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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

La hora suprema de Aldama y la «menuda inventada» que aplasta a Sánchez

Cortados por el mismo patrón, lo que hace terroríficos a estos dos bravucones de espolones afilados, Sánchez no había hallado hasta ahora la horma de su zapato en ningún rival político como con el presidiario Aldama revuelto contra un presidente con pies de barro y boca de fango

A la espera de lo que el comisionista Víctor de Aldama cante la traviata en el juicio de las mascarillas del COVID que se sigue en el Tribunal Supremo contra él y contra el lugarteniente de Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, así como contra su asistente Koldo García Eizaguirre, si había alguna duda de que España está presidida por el jefe de una banda, la certeza se abre paso crudamente después de la comparecencia del lunes del teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Balas. No en vano, pese a que en noviembre de 2024 Sánchez buscara despachar las acusaciones de Aldama en sede judicial con un expeditivo «menuda inventada», el jefe de los investigadores de la Guardia Civil ha apuntado al jefe del Gobierno a la hora de probar la «gran capacidad» de la trama para «permear las instituciones», desde la Policía y la Guardia Civil, donde captaron a colaboradores, hasta el «acceso rápido a otros estamentos de muy alto nivel» socialistas, entre los que figuraban ministros y jerarcas autonómicos con Sánchez como vértice.

El «vale» vía WhatsApp del inquilino de La Moncloa, a instancias de su edecán Ábalos, urgido por Aldama –«quien pagaba, mandaba, según Balas»–, para franquear la arribada a Madrid de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez en enero de 2020, pese a tenerla prohibida en territorio de la Unión Europea por crímenes de lesa humanidad, es toda una confesión de parte. Ello da al traste con su intento de desacreditar la supuesta fabulación de un «delincuente» que no se amilanó y que esa misma noche, al abandonar la prisión en libertad condicional tras pactar con la Fiscalía, le dio réplica al 'mitómano' de La Moncloa atribuyéndole alzhéimer voluntario y avisándole de que se iba a enterar de lo que vale un peine. Cortados por el mismo patrón, lo que hace terroríficos a estos dos bravucones de espolones afilados, Sánchez no había hallado hasta ahora la horma de su zapato en ningún rival político como con el presidiario Aldama revuelto contra un presidente con pies de barro y boca de fango. En la hora suprema de su cita ante el Alto Tribunal que le juzga, el denominado «nexo corruptor» no está dispuesto a dejarse ningunear por quien tan obligado debiera estarle –«Gracias por lo que estás haciendo», le dijo al fotografiarse juntos en un camerino del teatro madrileño de La Latina en febrero de 2019– al igual que su mujer, Begoña Gómez, a cuyos negocios monclovitas coadyuvó este milhombres al que el ministro Marlaska concedió en 2022 la Orden del Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco por «el éxito de un servicio» a «la Patria» de «extraordinaria dificultad».

Después de la incriminatoria aparición del teniente coronel Balas y demás agentes de la Unidad contra el Crimen Organizado (UCO) involucrando a medio Consejo de ministros y a su presidente, cobra sentido que Sánchez apremiara a su sottocapo Santos Cerdán, tras el ajuste de cuentas operado dentro de «la banda del Mercedes» (para la galería «del Peugeot»), con un interpelativo: «¡Tráiganme la cabeza de Balas!». El entrometido teniente coronel, al que la fontanera socialista Leire Díez quiso emporcar por cumplir con el deber que le impone pertenecer a un cuerpo que tiene el honor como divisa, ha logrado esta vez que, en contra de lo que dicta el refranero, las mangas verdes hayan llegado a buena horas. Como también la justicia para que no suceda lo de la Audiencia Nacional con el 'padre padrone' Jordi Pujol al que el juez José Ricardo de Prada, el de la morcilla de la olla podrida de la moción de censura contra Rajoy, ha eximido del juicio contra la corrupción del clan familiar. Un modo de impunidad para lo que está por venir.

Lo cierto es que Sánchez, cuyo primer idioma es la mentira, ya la exprese en español o en inglés, resulta menos creíble que el proscrito Aldama. No obstante lo cual, 'Noverdad' Sánchez se resiste a que La commedia è finita que pronuncia el personaje de Canio, incapaz de separar la ficción de la realidad, al caer el telón de la ópera Pagliacci (Payasos) de Ruggero Leoncavallo.

¿Cómo pretende seguir gobernando sin mayoría?, se preguntan sus socios al infligirle su enésima derrota parlamentaria tras negarse PNV y Junts a convalidar el decreto ley de prórroga de los contratos de alquiler. Pues tendrán que conformarse con asistir en primera fila a la ópera bufa de la que ellos han sido artífices principales y de cuya componenda ahora se desentienden con votaciones en contra o con rifirrafes como el del presidente del PNV, el tractorista Aitor Esteban, anulando una cita secreta con Sánchez en La Moncloa a raíz de que los socialistas vascos publicaran un montaje suyo pegándose un piscinazo por «seguir la estela de Bildu» en la negociación furtiva del nuevo estatuto vasco con el derecho a decidir sobre la mesa.

Entre tanto, en esta ergástula de esclavos felices de la España sanchista, no dejan de seguir pasando cosas a cuáles más graves sin que nadie pague por ello. Al contrario, presumen de ello como en la catástrofe ferroviaria de Adamuz con 46 muertos o como en el Gran Apagón -también con fallecidos que se silencian- que saltó los fusibles de la nación persiguiendo el hito de funcionar sólo con energías renovables. Así, la presidenta de Red Eléctrica, la «bienpagá» (546.000 euros anuales) Beatriz Corredor, celebra el fiasco marcándose un publirreportaje cargando el mochuelo a las eléctricas con la avenencia de la presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, Cani Fernández, quien no llegó ahí desde La Moncloa para sacarle los colores a su inquilino tras lanzar este el bulo del ciberataque cuando desde enero se conocía lo que se venía encima. Y el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, absolviéndose a sí mismo el martes en el Senado con una aseveración digna de labrar con letras doradas un marmóreo lapidario bobo: «He hecho un examen a conciencia de mis actos y mis acciones como responsable de la vía y no he encontrado ninguna acción u omisión que haya podido contribuir a evitar este accidente, y no voy a dimitir porque tengo un compromiso con la verdad».

Parafraseando al protagonista de 'Café society', de Woody Allen, la política española parece una mala comedia redactada por un comediógrafo sádico. Es lo que cabe colegir cuando, con un cero no solo eléctrico sino en gestión, Sánchez aventura, como el domingo haciendo campaña en Córdoba en el primer aniversario de la Gran Chapuza eléctrica y 100 días después de la tragedia de Adamuz, que su «prioridad nacional» son los «servicios públicos de calidad». Cualquier cosa menos arrepentirse, aunque esa necesidad sólo se percibe entre barrotes, según anota Oscar Wilde en De profundis, la epístola penitencial que acaso por ello escribió en una celda.

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