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Desde la almenaAna Samboal

Sánchez hasta 2030

Al menos hasta 2027, seguiremos encadenando decretos ley que se revocan, soportando una inseguridad jurídica creciente y financiando a un grupo de personas bastante numeroso que se dedica, en el mejor de los casos, a vivir del cuento y con todo lujo de prebendas a nuestra costa. En el peor, a robarnos

«No se puede hacer frente a la crisis recurriendo reiteradamente al decreto ley. No se busca el consenso, no se busca el debate. Se acude al decreto invocando la extraordinaria y urgente necesidad, pero llevamos encadenando medidas similares desde la Covid». Este es el argumento que ha empleado el PNV para tratar de hacernos ver que pone distancia con el gobierno. Obviamente, nada más lejos de la realidad. No puede permitírselo si quiere seguir tocando poder en el País Vasco. Y, probablemente, tampoco quiera hacerlo. Pero hay que intentar salvar la cara, porque la cercanía a la Moncloa empieza a manchar. Viajar a Madrid a hacerse una foto con Pedro Sánchez o cualquiera de sus ministros al tiempo que Aldama cantaba –en palabras del teniente coronel Balas– «lo más grande» ante el Tribunal Supremo es un trago que es preferible evitar.

Lo que el conseguidor le ha dicho a los jueces tumbaría a cualquier presidente al frente de un país con una sociedad civil mínimamente sana. Pero aquí, dentro de un par de días, haremos como si no hubiera ocurrido nada. Estamos empachados de escándalos. Nos dirán que Víctor De Aldama miente para cubrirse. Está en su derecho. El uno a acusar y los otros a negarlo. Pero, fuera o no Pedro Sánchez el jefe de esa presunta organización criminal que se somete a juicio, de lo que caben pocas dudas es de que la organización como tal existía. Lo han descrito, con todo lujo de detalles, los investigadores de la Guardia Civil. La corroboran los mensajes y fotografías que han interceptado en los dispositivos de Ábalos y Koldo. Y operaba en el corazón del Partido Socialista y del gobierno. Por acción o por omisión o por despiste, la responsabilidad del presidente es innegable.

Sólo por esto, Pedro Sánchez tendría que disolver las Cortes y dar la palabra a los ciudadanos. Sin embargo, su respuesta, a tono con el personaje, ha sido bien distinta: pretende seguir pernoctando en la Moncloa hasta 2030. Puede permitirse el órdago, porque sabe que los socios que le invistieron no le permitirán gobernar. Queda claro cada vez que se convoca una votación en el Congreso. Pero tampoco tienen el más mínimo interés en que se vaya. Un gobierno fuerte, fuera de derechas o de izquierdas, cortaría de raíz sus recurrentes chantajes. De modo que, al menos hasta 2027, seguiremos encadenando decretos ley que se revocan, soportando una inseguridad jurídica creciente y financiando a un grupo de personas bastante numeroso que se dedica, en el mejor de los casos, a vivir del cuento y con todo lujo de prebendas a nuestra costa. En el peor, a robarnos. Es lo que hay. Paciencia.

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