Que linchen a Ayuso, que Pedro ayuda
El mismo presidente que rompió con Argentina por Begoña Gómez se suma a la persecución de una autoridad española por decir lo que él debía decir también
Pedro Sánchez, Óscar Puente, Óscar López y el resto de la cuadrilla, cada uno con su propio tono en la escala de chulería habitual de la casa, han considerado ridículo que una dirigente española diga en México que el legado español allí merece un respeto y que, frente a la leyenda negra, prevalece el hecho histórico: el mestizaje original dejó, más allá de las sombras habituales de la época, una simbiosis de culturas mejoradas por la civilización llegada, aliada con la práctica totalidad de las tribus originales, hartas de la cruel hegemonía azteca encabezada por Moctezuma.
La huella de aquellos pobladores siempre se mantuvo, porque España nunca trató de colonias sus conquistas y sí de provincias con los mismos derechos, y si algo se diluyó fue con la creación del México moderno, que no existía cuando llegó el conquistador, por su carácter centralista y la razonable apuesta por homogeneizar todo el territorio con el español como lengua de todos.
Eso lo sabe Claudia Sheinbaum, que tiene de azteca lo que servidor de vikingo, como lo sabe toda la extrema izquierda indigenista, a menudo procedente de guerrillas violentas y con frecuencia convertida en totalitarismo rancio, con lazos directos o de tolerancia con cárteles de la droga consideradas ya formalmente organizaciones terroristas por los Estados Unidos.
Pero es muy tentador tapar el fracaso propio con la búsqueda de enemigos ficticios externos e internos, como demuestra desde sus inicios Pedro Sánchez, deudor de prófugos, terroristas y golpistas de verdad, a los que compró su investidura, y enfrentado contra esa media España larga a la que considera fascista en su enfermiza imaginación.
La conexión de Sánchez con Sheinbaum no es casual, pues, y demuestra la incompatibilidad de los objetivos del primero con los intereses del país que preside a la fuerza: prefiere ponerse del lado de alguien que insulta a España con falacias históricas y se suma al linchamiento de una autoridad española que, simplemente, hizo un canto a la concordia entre los pueblos en lugar de dar otro alarido sectario para criminalizar a su propia tierra.
Porque lo relevante de este episodio no es que una presidenta de la izquierda radical e indigenista ejerza de sí misma, sino que su homólogo español la emule, se sume a la criminalización del país que él dirige y lo convierta en una sucursal europea del Grupo de Puebla e incluso jalee la obscena persecución de una presidenta autonómica que se limitó a ensalzar los lazos entre ambas naciones sin suscribir la patética leyenda negra que aquí también promociona a la izquierda.
Sánchez montó un conflicto internacional con Argentina cuando Javier Milei se refirió a su esposa, la imputada Begoña Gómez. Ahora se ha limitado a reírse de Ayuso cuando, en un país donde el crimen y las desapariciones están a la orden del día, la que manda la señaló en público por defender las raíces comunes de dos países hermanos. El problema no es lo bueno, malo y regular que hiciera Hernán Cortés en su día, sino que lo que hacen y están dispuestos a hacer en el presente peligros democráticos como Claudia y Pedro, tanto monta, monta tanto.