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El puntalAntonio Jiménez

El 'Consigliere' de Sánchez: De supervisar nubes a 'llevárselo calentito'

En estas circunstancias, el caso ZP cobra un alcance político y moral, además del judicial, que lleva a plantearnos legítimamente si Sánchez ha sometido los intereses estratégicos de España en el exterior a los de su 'Consigliere', como bien parece, respecto a Caracas y Pekín

En los países hispanos con regímenes populistas de extrema izquierda inspirados en el Grupo Puebla y cuyos dirigentes comparten afectos e ideología con Zapatero, le dirían que lo suyo en la Audiencia Nacional se ha puesto color hormiga. Y ciertamente la dinámica de su caso va in crescendo hacia peores expectativas e inquietantes consecuencias sobre su futuro procesal y probablemente también el de sus hijas, porque, según el auto y las investigaciones conocidas, el círculo de la causa las alcanza a ellas mediante su sociedad 'Whathefav', registrada por la Policía y señaladas como beneficiarias de fondos bajo sospecha procedentes de una empresa sin actividad y sin ingresos, con un solo empleado, que les pagó en su cuenta bancaria casi medio millón de euros. Un padre puede cometer errores; lo incomprensible es que un expresidente haya terminado arrastrando a sus propias hijas a un laberinto judicial del que quizá jamás debieron formar parte.

Tras pasar por la Moncloa, Zapatero pudo decantarse por el relajado quehacer recomendado por Ramón Gomez de la Serna de supervisar nubes tumbado en una hamaca pero, sin embargo, eligió los bussines y transformarse en una mezcla de mediador internacional, operador geopolítico y conseguidor global con despacho propio, contactos en Caracas y Pekín y ascendencia ideológica sobre Sánchez. Y todo disfrazado de una especie de diplomacia paralela que ha estallado en el demoledor auto del juez Calama situándole al frente de una trama organizada de ejercicio ilícito de influencias, de sociedades instrumentales off shore en Dubái para canalizar comisiones y mordidas y de operaciones internacionales vinculadas al petróleo y oro venezolanos.

El expresidente que en los mítines desplegaba su sonrisa beatífica y alardeaba de ejemplaridad socialista aprendida en las Casas del Pueblo, donde se enseñaba que «ser socialista normalmente es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho», aparece descrito judicialmente como alguien que habría utilizado precisamente esa red de relaciones internacionales para lucrarse, llevárselo calentito e incluso hirviendo, y enriquecerse disimuladamente hasta el punto de dejar la impresión de que era alguien que «no tenía apego al dinero», con el que algunos conmilitones justificaron su descrédito al conocer la imputación.

Durante años, Zapatero vendió su inmoral y criticada relación con la dictadura de Nicolás Maduro como una misión humanitaria, casi sacerdotal. Era el 'mediador' que se presentaba como el hombre capaz de tender puentes entre el chavismo y una oposición con la que apenas tuvo relación por la nula confianza que les inspiraba a María Corina, Guaidó y otros opositores. Y mientras millones de venezolanos huían del hambre y de la represión, Zapatero ejercía de interlocutor privilegiado del régimen y de activo intermediario, en comandita con Delcy Rodríguez, en operaciones vinculadas a la comercialización del petróleo venezolano, incluso con conexiones hacia China, según el auto.

Y aquí aparece otra dimensión inquietante y sospechada desde siempre sobre su figura: la influencia política ejercida por Zapatero en Sánchez, como mentor, inspirador y consejero permanente, ha incidido sustancialmente en la política internacional de España, especialmente respecto a Venezuela y China, hasta condicionarla en función de sus intereses personales y económicos. O dicho de una forma más cruda: Zapatero se habría forrado gracias a la política exterior del Gobierno que previamente él le habría inspirado y aconsejado a Sánchez, por lo que este tendrá que dar explicaciones y asumir responsabilidades políticas y, quién sabe si judiciales, en el futuro. El injustificable rescate de Plus Ultra formaría parte de esa merdé en la que se entremezclan los intereses económicos de Zapatero, como supuesto receptor de la mordida, y la cuestionable luz verde a la ayuda aprobada en el Consejo de Ministros con la sombra de Venezuela proyectándose sobre la decisión.

En estas circunstancias, el caso ZP cobra un alcance político y moral, además del judicial, que lleva a plantearnos legítimamente si Sánchez ha sometido los intereses estratégicos de España en el exterior a los de su 'Consigliere', como bien parece, respecto a Caracas y Pekín, donde el expresidente influye y mantiene negocios, contactos y operaciones; olvidándose de que los expresidentes no dejan nunca de representar al país y que cada reunión, cada negocio, cada amistad y cada comisión sospechosa termina aflorando y conociéndose, en el mejor de los casos solo públicamente, y en el peor en los juzgados de la Audiencia Nacional, donde hay jueces como en Berlín para investigar a quien pensó que la distancia temporal con la Moncloa le permitía jugar a ser estadista global sin rendir cuentas o que la condición de expresidente le haría de escudo para sentirse impune e inmune mientras hablaba de ética pública y estaba ocupado haciendo negocios en la sombra.

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