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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Las niñas de Zapatero

Papá y el tío Pedro se portaron muy bien con ellas, porque lo valen y aportan mucho al planeta

Las niñas de Zapatero se hicieron famosas hace mucho tiempo, en aquella célebre visita de papi a la Casa Blanca que aprovecharon para honrar a Halloween, uno de los hitos del calendario festivo americano, con atuendos para la ocasión: bien eso de pasar de deshonrar la bandera autóctona a homenajear sus costumbres, aunque aquí no lo entendieron.

Pero no se hicieron ricas hasta la feliz coincidencia entre su inmenso talento para el diseño y la comunicación y la habilidad comercializadora del progenitor, tan bueno en arruinar países como en enriquecer a su familia, en una relación inversamente proporcional.

Dejó un pufo histórico y escondió el déficit real de su Gobierno; pero comenzó a acumular chalés y casas para él, la buena de Sonso y las niñas, dos jóvenes excepcionales, en el sentido de que pocos más de su edad tienen una habitación de alquiler en piso compartido, pero ellas ya poseen el inmueble entero y hacen logos muy bonitos y reclamados por grandes multinacionales, dispuestas siempre a reconocer la genialidad, como ya ocurriera con la inolvidable cátedra de Begoña.

Ahora quieren hacernos ver que se las quitaban de las manos, que sus habilidades eran reclamadas por mérito propio y que es normal que la empresa salida de la nada, pero escogida para mediar a favor de Plus Ultra ante los gobiernos de España y de Venezuela, las necesitaba mucho, para otras cosas, y al mismo tiempo reclamaba los servicios de su padre, también para algo ajeno al rescate: Julito Martínez no podía vivir sin los sesudos informes orales o escritos de Zapatero sobre la reproducción de pingüinos de Humboldt en cautividad o el impacto del cambio climático en la siembra de pepinos en Azerbaiyán, que allí son muy de pepino. Ni tampoco sin Alba y Laura, las geniales comunicadoras.

Es todo tan zafio, en fin, como intentar desligar a Pedro Sánchez de la prosperidad de los Zapatero. Y es tan iluso pensar que el primero va a hacernos tragar que se dedicaba a la consultoría como que el segundo no ha recorrido con él un camino paralelo con reparto de dividendos: para uno, al parecer, mucha pasta; para el otro, una nueva agenda internacional.

Porque ese es el verdadero tema, en definitiva: intuir, cuando no concluir, que allá donde Zapatero metía las garras para que no les falte de nada a las niñas, Sánchez metía a toda España. En Venezuela, China, el Grupo de Puebla, Marruecos y ya veremos si también en Guinea o Irán.

No hay que descartar que las niñas hicieran el nuevo logo de Hamás, porque son excepcionales, maravillosas, brillantes y además imprescindibles: como papá y el tío Pedro, dos almas gemelas con las que tal vez puedan volver pronto al origen y celebrar, todos juntos y disfrazados de rayas, el Día de todos los Santos.

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