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El puntalAntonio Jiménez

La venganza de Peramato. Nepotismo y sectarismo en la fiscalía

La Fiscal General se ha revelado no sólo como una fiel continuista del sanchismo militante ejercido por García Ortiz, sino también como esa mujer ideologizada y sin escrúpulos que actúa en función de sus afectos e intereses personales

El daño infligido a la Fiscalía General del Estado por Pedro Sánchez tardará tiempo en subsanarse. Quien levantó un muro para gobernar en contra de aquellos ciudadanos que reprueban sus políticas y su forma de ejercer el poder , consiguió también inocular el sectarismo en el Ministerio Público donde los enfrentamientos personales y los intereses políticos y partidistas han arruinado capacidades , meritocracia , derechos de antigüedad y hasta el principio de igualdad de oportunidades además de su independencia.

El espectáculo sectario y partidista ofrecido por la Fiscal General , Teresa Peramato, con la promoción y nombramientos de fiscales para salas del Tribunal Supremo y de otros tribunales superiores es más propio de una dictadura caribeña o lo que es lo mismo , una autocracia bananera , que de una democracia respetuosa con las formas y el Estado de Derecho. Peramato ha nombrado a los de su cuerda , antes también afectos a su mentor y jefe en el cargo, García Ortiz, anteponiendo afinidades ideológicas , lazos familiares y amiguismo a prerrogativas relativas a la antigüedad, experiencia, prestigio y conocimientos jurídicos. Nepotismo y despotismo en estado puro.

La política de nombramientos que ha seguido supone en la práctica una auténtica «vendetta» contra aquellos fiscales que no respaldaron a su ex jefe y conmilitón de la minoritaria Asociación Progresista de Fiscales , García Ortiz, condenado e inhabilitado por el Tribunal Supremo. Es intolerable en un Estado de Derecho que la máxima representante del Ministerio Público desprestigie más de lo que ya está desacreditada la institución que dirige apartando o castigando a fiscales por su adscripción asociativa o por desafecto mientras premia a correligionarios, amigos y fieles que respaldaron hasta el final a García Ortiz, a pesar de su inhabilitación.

La venganza de Peramato ha sido muy evidente y obscena en el caso de la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, fulminada tras cinco años en el cargo y sustituyéndola por una fiscal cuyo número en el escalafón triplica de largo al de Lastra con el puesto 406 en rango de antigüedad y experiencia. Un caso de indudable represalia y revancha por haber declarado en justicia lo que el Supremo confirmó en sentencia firme: que García Ortiz delinquió revelando información confidencial de un ciudadano, casualmente novio de la adversaria política de su señorito Sánchez a quien ayudó en una estrategia para atacarla.

En cambio ha premiado y promocionado a la fiscalía del Supremo a la otra fiscal jefe de la audiencia provincial de Madrid, Pilar Rodriguez, también conocida como «Pilar cianuro», a pesar de haber estado imputada en el mismo caso que su superior y amigo García Ortiz. Lo del cianuro obedece a las irrefrenables ganas que mostró por reforzar con un poco de ese veneno la nota de la fiscalía contra la pareja sentimental de Ayuso. Y para completar este derroche de nepotismo, que no olvidemos es una forma de corrupción y una práctica nada ética porque socava la meritocracia y la igualdad de oportunidades, Peramato, en otro alarde de favoritismo y sin ninguna vergüenza, ha gratificado a la mujer de su exjefe, «don Alvarone», nombrándola teniente fiscal de Galicia.

La Fiscal General se ha revelado no sólo como una fiel continuista del sanchismo militante ejercido por García Ortiz, sino también como esa mujer ideologizada y sin escrúpulos que actúa en función de sus afectos e intereses personales por más contrario que resulte ese proceder para el prestigio, la credibilidad, la confianza y la independencia del Ministerio Público que dirige. Tampoco esperábamos otra cosa de Peramato, cuando sucedió al condenado ex fiscal general, que no fuera seguir poniendo la institución al servicio de quien la nombró y de quien depende. O sea Pedro Sánchez. Y así hasta el 35, como pretende, si las urnas no se lo impiden.

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