Sánchez se abraza a los populistas Sheinbaum y Petro mientras rechaza a María Corina
La cumbre «progre» de la extrema izquierda hispanoamericana en Barcelona es sobre todo, una exhibición de contradicciones e incoherencias
En el «sanchismo» la propaganda se impone a la realidad. Los hechos importan menos o se ocultan hasta hacerlos sucumbir al relato mientras los titulares camuflan las contradicciones e incoherencias de ese mismo relato. La llamada «cumbre progresista» de Barcelona es un ejemplo de ello. Sánchez reúne a lo más granado de la extrema izquierda iberoamericana erigiéndose en faro y guía de sus desvelos y esfuerzos para hacer frente, según reza la propaganda oficial, a los populismos globales, se entienden que de derechas como si el de izquierdas no existiera, y parar la ola populista. El populista de izquierdas como el ladrón no acepta su condición y prueba de ello es que no hay nada más reaccionario y populista que hacerse pasar por progresista cuando trabajas contra el verdadero progreso de los ciudadanos y haces lo posible por controlar su voluntad política mediante un sistema económico de subvenciones y ayudas hasta convertirles en dependientes de su poder.
Las tesis expuestas en foros políticos como el de Puebla y antes de São Paulo, precedentes de esta cumbre liderada por Sánchez en Pedralbes el fin de semana, fundamentan parte de sus objetivos políticos en el hecho de mantener bases electorales cautivas a través de ayudas estatales , en el convencimiento, y Andrés Manuel López Obrador, promotor y padre político de la actual presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, así lo exteriorizó, de que cuando la gente prospera y sale de la pobreza para alcanzar la clase media se aleja de las políticas de izquierdas y deja de apoyarles electoralmente.
El progresismo bien entendido está muy lejos del que la propaganda afecta a los gobiernos de Sánchez, Lula da Silva, Sheinbaum o Petro venden, en una clara manipulación del concepto, para frenar la ola populista, siendo el populismo de extrema izquierda que ellos mismos encarnan y desarrollan políticamente tan perverso y contraproducente para las libertades y la democracia como el que puede ejercer la extrema derecha a la que dicen combatir.
Por ello, la cumbre «progre» de la extrema izquierda hispanoamericana en Barcelona es sobre todo, una exhibición de contradicciones e incoherencias por parte de quienes se erigen en valedores y defensores de los derechos humanos violados por Trump, Netanyahu y los Orbán del mundo, mientras amparan a dictadores afines y se niegan a condenar la represión y la persecución de cuantos fueron detenidos o asesinados por sus ideas políticas en la Venezuela de Maduro, la Cuba de los Castro o el Irán de los ayatolás, por no mencionar sus afectos y ententes cordiales, Sánchez y Zapatero así lo atestiguan, con China o la Rusia de Putin, donde los derechos humanos y las libertades no están entre las prioridades de sus gobiernos.
La incoherencia de estos desvergonzados y falsos progresistas se advierte cuando se erigen en combatientes de los autoritarismos y defensores de los valores democráticos, los derechos fundamentales y la libertad de prensa que ellos mismos atacan cuando se indaga sobre sus corrupciones y desmanes políticos. Sánchez en España, Sheinbaum en México, Petro en Colombia respiran por la misma herida: el pulso que mantienen con la justicia que frena sus excesos autocráticos y contra la separación de poderes. Sheinbaum, con la excusa de democratizar la justicia que es lo que vendió su propaganda , ha acabado con la independencia judicial en México mediante la elección popular, controlada políticamente, de jueces y magistrados.
Petro pretende justificar su reforma judicial en Colombia con la excusa de hacer una justicia progresista, más relato y propaganda de nuevo, cuyo fin no es otro que someterla a sus intereses políticos. Y su argumento no difiere mucho del de Sánchez y Bolaños para justificarse: los jueces sirven a intereses políticos y privados. Los populismos en esto no se distinguen.
Trump cuando arremete contra los jueces en Estados Unidos coincide con los fines perseguidos por Sheinbaum, Petro o Sánchez: someter el poder judicial al ejecutivo y finiquitar a Montesquieu para ser inmunes a la acción de la justicia y actuar con total impunidad. Los titulares de instrucción de Madrid se lo han dicho al servil Bolaños tras sus ataques al juez Peinado; la ley es igual para todos, incluida la mujer de Sánchez , y la justicia no la daña Peinado con su instrucción sobre los lucrativos «business» de Begoña ,ni con ella avergüenza a ciudadanos y jueces , sino que fortalece su independencia frente a un Gobierno que pretende controlarla , opuesto a la separación de poderes, y que se comporta de forma iliberal y autocrática.
Y si resulta contradictorio e incoherente liderar como hace Sánchez una cumbre como la de Barcelona con el fin de defender derechos fundamentales y los valores democráticos mientras subviertes la propia democracia cuestionando la división de poderes, no es menos incongruente apoyar regímenes dictatoriales y represores mientras niegas el saludo y el respaldo a personas que representan la esperanza de la libertad en la Venezuela de Delcy, antes de su jefe y mentor Maduro, como María Corina Machado cuya dignidad y valentía, hoy está en Madrid tras verse con Macron, Meloni y el primer ministro holandés, es inversamente proporcional a la frivolidad y postureo sectario de un Sánchez rodeado de populistas de extrema izquierda y querencias autocráticas.