Los 'temporeros' de Sánchez nos cuestan un congo
Mientras el «superhéroe de la paz y la dignidad», el «gran benefactor», acude en auxilio nuestro con el dinero de la inflación que previamente nos hemos dejado en gasolineras, supermercados y en las facturas de gas y electricidad. Sánchez, como siempre, invita y los ciudadanos pagamos. Es la norma de la casa
En apenas una semana, Sánchez ha pasado de la pancarta del 'No a la guerra' al 'Hodio', otro término Flower Power, para acabar con el odio en las redes sociales y que se «hable más del amor». Sólo le faltó completar la cursilada con aquel eslogan publicitario de Canal + : «Paz, amor y el Plus pal salón». Entre medias ha publicado un vídeo jugando con una pelota en los jardines de Moncloa con sus perritas de agua, Turca e India, «cosa que podría hacer todas las tardes», según afirma sonriente, y meses antes publicitó una house tour por los salones de la residencia presidencial «en plan Isabel Preysler», tal cual afirmó sonriente en el vídeo.
Gracias a esos publirreportajes y campañas, sabemos a que dedica realmente Sánchez su tiempo dada la imposibilidad de legislar sin la mayoría Frankenstein que le invistió, mientras que por su periódico de cabecera hemos conocido quiénes están detrás de todas estas perchas propagandísticas con las que entretiene la espera hasta el 27 y de las que cuelga la más que evidente debilidad de su gobierno.
Se trata de los que su diario afecto califica como los 'temporeros de la Moncloa' en referencia a los «700 asesores, 700» que pastorea su jefe de gabinete, Diego Rubio, y que se amontonan, como piojos en costura, repartidos por varios edificios del complejo gubernamental. Casi no caben. Un despliegue que evidencia también cómo Sánchez patrimonializa el poder en beneficio propio aprovechando recursos públicos sin freno y medida hasta hacer de la Moncloa su cortijo particular.
Sus 700 'temporeros' son especialistas en políticas públicas, escrutadores de las redes sociales, estrategas del titular, ingenieros del trending topic, diplomáticos, analistas políticos, publicistas etc. Un ejército de profesionales del marketing político dedicado a construir cada jornada el relato del poder para Sánchez, a quien no dejan lugar para la improvisación, como señala el citado diario, y que ya quisiera para sí su némesis en Washington, Trump, tenerlos en La Casa Blanca. Todos, eso sí, pagados con la «piel de los contribuyentes» que Marisú Montero nos saca a tiras, vía impuestos. Setecientos asesores que cobran la friolera de más de 25 millones de euros anuales.
Setecientas cabezas pensantes, setecientos sueldos públicos, que no contribuyen a mejorar la gestión del gobierno y de su presidente propiciando grandes reformas o planes para el bienestar de los administrados o para afrontar ahora una economía incierta en un contexto político de tensión mundial y guerra, sino a ponderar su imagen a base de eslóganes, lemas y «humo frito». Sánchez y su legión de asesores han convertido la Moncloa en una agencia creativa de comunicación política y en un laboratorio de consignas donde el producto estrella no son las leyes que no puede aprobar por su acreditada debilidad parlamentaria sino los mensajes y la propaganda. Churchill dijo que «la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos». Tal vez, viendo la legión de consultores y asesores de Sánchez, habría añadido la advertencia de que también es demasiado importante para dejarla en manos de propagandistas y publicistas.
Símbolos reveladores de esa política basada en gestos y campañas agitprop es la herramienta (Hodio) con la que supuestamente combatirá el odio en las redes sociales, cosa que no está entre las prioridades y preocupaciones ciudadanas; cuestionada además por impulsarla quien más ha contribuido a la confrontación y la polarización levantando un muro divisivo entre españoles. Y por supuesto la desempolvada pancarta del 'No a la guerra'.
Ni una cosa ni la otra contribuyen a paliar los problemas más terrenales de la gente derivados de las facturas del gas, la luz y los combustibles. Con el 'No a la guerra' no se baja el precio del diésel ni se paga su irresistible subida porque este conflicto ya no va de airear pancartas de rechazo sino de afrontar sus consecuencias económicas con medidas que el gobierno ignora por ahora, por su propio desacuerdo interno, y porque dedica más energía a gestionar el relato que a buscar soluciones que alivien el alza de los precios. Y probablemente, también, porque mientras no rebaja el IVA de los carburantes y de la luz, Hacienda hace caja e ingresa cientos de millones adicionales gracias a que la subida de todos esos productos incrementa a su vez la parte impositiva de los mismos que recauda el Estado.
De ahí que nos preguntemos si existe por parte del gobierno una urgencia por aprobar medidas de rebajas fiscales o si la subida de los precios se ha convertido en una cómoda fuente de ingresos para el ministerio de la señora Montero. Y no hay que descartarlo, dada la alergia que le provoca a este Gobierno bajar impuestos y su demostrada voracidad fiscal para exprimirnos los bolsillos y la cartera hasta el extremo de batir el récord de recaudación el pasado año en 300.000 millones de euros.
Y como esto va de tácticas, estrategias y cálculos políticos, incompatibles con principios morales y éticos, diseñados con fines electoralistas por esos setecientos 'temporeros' monclovitas, tampoco descartaría que Sánchez prefiera que la crisis se cueza a fuego lento sin aprobar medidas, por más que perjudique a las economías domésticas de los españoles, para después señalar con más contundencia al causante del mal, Trump, mientras el «superhéroe de la paz y la dignidad», el «gran benefactor», acude en auxilio nuestro con el dinero de la inflación que previamente nos hemos dejado en gasolineras, supermercados y en las facturas de gas y electricidad. Sánchez, como siempre, invita y los ciudadanos pagamos. Es la norma de la casa.
P.D. El mitin de Valladolid junto a Zapatero en el cierre de la campaña socialista ayer fue la prueba del algodón de que Sánchez ha fiado en el 'No a la guerra' la movilización de la izquierda mañana en las elecciones de Castilla y León, evidenciando así la oportunidad electoral que el conflicto le ha brindado en su peor momento político. El resultado que obtenga el PSOE servirá para calibrar la rentabilidad electoral buscada por Sánchez al equiparar el conflicto actual con la guerra de Irak en 2004 y la posibilidad de que si salva mucho más que los muebles en las urnas, como dicen sus trackings, pudiera valorar un hipotético adelanto electoral en el convencimiento de que la prolongación del conflicto le beneficia.