Lo que está en juego en Colombia hoy
Me temo que Colombia sale del petrismo teniendo que elegir en segunda vuelta entre dos radicalismos. No creo que sea una buena opción. Y ojo a cómo se ha llegado a este hoyo
Colombia tiene hoy la primera vuelta de unas elecciones presidenciales que son un buen ejemplo del resultado de la polarización en una democracia. Cuatro años de desastrosa Presidencia de Gustavo Petro, con constantes ataques a la institucionalidad y la producción de narcóticos regresando a las cifras anteriores al Plan Colombia que puso en marcha el presidente Pastrana con ayuda de los Estados Unidos de Bill Clinton primero y George W. Bush después. El objetivo de Petro ha sido saltarse las Cámaras que le impedían llevar adelante unas reformas casi revolucionarias. Y ha promovido sin éxito –por ahora– una constituyente, que es la forma de desmontar el sistema. Petro ha tratado de encubrir sus condiciones personales –juergas, sustancias, incomparecencias incluso en viajes de Estado– provocando una radicalización del debate político. Y ese extremismo de la izquierda, lleva, como es habitual, a una radicalización también del discurso alternativo.
Por hacer un paralelismo con las fuerzas políticas españolas, el candidato que encabeza las encuestas es Iván Cepeda, miembro del Partido Comunista y sosias de Pablo Iglesias. El segundo en la mayoría de los sondeos es Abelardo de la Espriella, que ha formado su propia candidatura, es abogado penalista y ha tenido clientes de todo tipo: desde Alex Saab, mano derecha de Maduro y hoy en prisión en Estados Unidos, al mismísimo Álvaro Uribe. En este paralelismo hispano colombiano, De la Espriella sería Vox. Y la tercera en disputa es Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático con el respaldo de Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Sería la candidata equivalente al PP.
Los tres candidatos tienen raíces en la política colombiana. El abuelo de Paloma Valencia, Guillermo León, fue presidente y, en medio de la ola anticomunista que recorría el mundo durante la Guerra Fría, bombardeó las «repúblicas independientes» creadas por las guerrillas y seguidores del Partido Comunista. El padre de Iván Cepeda, Manuel, era dirigente del Partido Comunista que, a partir de aquel bombardeo, orquestó el nacimiento de la guerrilla de las FARC. Y el conservador Álvaro Gómez Hurtado fue quien en un debate en el Congreso las bautizó como «repúblicas independientes» y es el tío de Enrique Gómez Martínez, quien en la campaña de Abelardo de la Espriella ha sido jefe de debate –en España jefe de campaña– y ahora es definido como «guardián ideológico».
Yo creo que una polarización como la que estamos viviendo en Colombia es mala para toda democracia. Discrepo de algunas propuestas de Abelardo de la Espriella, el tigre, como abandonar la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Organización de Estados Americanos y la ONU. Y si Colombia tuviera una base en la Antártida, también se iría. Pero sí puedo simpatizar con su apoyo a la seguridad, la mano dura y la familia tradicional. Aunque no entiendo muy bien cómo se compagina la familia con jactarse en campaña del supuesto tamaño de su miembro viril…
Frente a eso, un comunista de la vieja escuela. Pasó su infancia y adolescencia en Checoslovaquia, Cuba y Bulgaria. La Bulgaria de Teodor Yivkov, el tirano que sólo sobrevivió 24 horas a la caída del muro de Berlín. Y allí estuvo Cepeda hasta dos años antes del inicio del colapso del régimen. Ni con ese conocimiento de la realidad se curó Cepeda del comunismo. Porque Iván Cepeda es un hombre nacido en el momento más duro de la Guerra Fría. El lunes 22 de octubre de 1962, Kennedy dio un duro discurso advirtiendo que, si Rusia lanzaba un misil desde Cuba a cualquier lugar, Estados Unidos respondería con todo su poder militar. Dos días después, el miércoles 24 nacía Iván Cepeda, en Bogotá. En una familia de militantes comunistas firmemente alineada con Cuba. Empezando por su padre, que dedicó su vida al Partido Comunista y a las FARC.
Me temo que Colombia sale del petrismo teniendo que elegir en segunda vuelta entre dos radicalismos. No creo que sea una buena opción. Y ojo a cómo se ha llegado a este hoyo.